martes, 20 de agosto de 2019

Después de la bertso-afaria

Como cada vez que se pasaba con la sidra, se despertó con una tremenda resaca. Había ignorado la diana del despertador, que había puesto a las 7:00, y al ver que su I-Phone marcaba las 11:11, maldijo esa decisión. Toda la mañana perdida.

La bertso-afaria de la víspera, fuera de temporada, la hicieron en Gartziategi, como parte del programa turístico, gastronómico y cultural organizado por la Euskal-Etxea de Rosario (Argentina) para un grupo de cuarenta vascos residentes allí, que venían a disfrutar de la Semana Grande donostiarra y la Aste Nagusia de Bilbao. Se suponía que esos argentinos hablaban o al menos entendían el euskera, pero a Maider le dio la impresión de que no se enteraban de nada. Presumían de hablarlo entre ellos y le constaba que daban clases a sus hijos y nietos, porque una compañera suya, Maialen, recién terminada la licenciatura en filología vasca, había pasado un año allí, enseñando euskera en la Euskal Etxea. Le pagaban bien y en dólares, pero le ofrecieron entrar en las listas de E.H. Bildu para el ayuntamiento de Hernani y volvió a casa. Actualmente era concejal responsable de cultura y euskera, cobrando poco más de 33.000 euros al año.

Fue Maialen quien contactó con Maider para organizar la bertso-afaria. Le ofreció 500 €, a repartir entre otro bertsolari y ella. Llamó a Jon Mendizabal, que le agradeció la oferta. El año estaba siendo flojo y 250 € por un par de horas, además de comida y bebida a discreción eran una buena oferta. Nada que ver con lo que habían llegado a cobrar años atrás, pero suficiente para ir pagando las facturas y la hipoteca.

Maider Iriarte no tenía esos problemas. Nacida en el seno de una familia acomodada, fue muy buena estudiante. Para disgusto de sus padres, que la querían orientar a una carrera de ciencias con buena salida profesional, como medicina o ingeniería, a las que hubiera podido acceder por su brillante expediente académico, se decantó por estudiar filología vasca. Para compensarles, accedió a estudiar en paralelo filología inglesa. Hizo las dos carreras en paralelo y las terminó con la misma brillantez que había acreditado en su etapa escolar.

Criada en un ambiente nacionalista muy tradicional, desde muy joven se interesó por los bertsos, a los que su padre era muy aficionado. Con apenas 12 años, comenzó a practicar en la ikastola Zurriola, destacando en todos los campeonatos escolares, hasta el punto de que, con 16 años, debutó en una plaza pública junto a tres consagrados bertsolaris. Prácticamente desde entonces, vivía de esa actividad y era una de las figuras más reconocidas.

También trabajaba como guionista para la televisión vasca, escribía letras para distintos grupos y cantantes en euskera, había publicado dos libros de poesía y, desde hacía un par de años, había desempolvado su oxidado inglés para hacer traducciones.

Vivía sola en un ático en Sagués, propiedad de sus abuelos, que podría comprar con el dinero ganado y ahorrado en los últimos años, ya que llevaba una vida muy frugal y austera. Apenas gastaba en ropa y se arreglaba con camisetas y ropa interior de mercadillo, pantalones de chándal y sudaderas de algodón. Su único gasto en peluquería era algún corte radical, que le podía durar dos años. No tenía ni coche ni carné de conducir y se desplazaba con una bici vieja que compró cuando hizo el Erasmus en Amsterdam, por la que pagó 50 euros.

Aunque en sus comienzos era una chica tirando a gordita, se había estilizado mucho, manteniendo su constitución atlética, alta y fibrosa, con apariencia andrógina, que acentuaban su forma de vestir, andar y comportarse. Siempre se había movido en entornos masculinos y no recordaba haberse maquillado o puesto un vestido en los últimos diez o quince años. La víspera, apareció en la bertso-afaria con unas alpargatas de esparto, un holgado pantalón de chándal negro, una camiseta verde oscura con forma de saco y una sudadera gris con capucha y cremallera. El pelo, que lo tenía bastante largo, se lo recogió en un moño.

Tal cual se levantó de la cama, se desnudó y se fue a la ducha, dejando en marcha la preparación de una cafetera. Al salir, se tomó un tazón de café bien caliente, se puso unas mallas cortas negras un sujetador deportivo de Decathlon y una camiseta de tiras también negra. Bajó al portal, de donde cogió la bici que guardaba en el trastero y se fue al CrossFit de Ibaeta, a sudar la sidra de la víspera.

Después de la paliza, volvería en bici, completando casi 13 km, se volvería a duchar, se prepararía unas vainas con quinoa, descansaría media hora y se vestiría para la misteriosa cita a la que le había invitado Anya Ibarrondo, una rusa de origen vasco, que vivía en Biarritz, a la que conoció en un festival celebrado en febrero en esa localidad de Iparralde. Habían quedado en el Hotel María Cristina a las 16:30.

lunes, 19 de agosto de 2019

Cita a ciegas

‘Llámame a las 10:00, Agustín’ Era el escueto whatsapp que le pudo Mikel a su agente, nada más salir del despacho de Karmele Lizarralde. ¿A qué se refería Agustín con aquello de que ‘Todo el mundo tiene un precio’? No le dio más vueltas. El calendario español solo ofrecía dos posibilidades: el meeting de Madrid del 25 de agosto y el Campeonato de España, el 31 de agosto y el 1 de septiembre. Puestos a soñar, la Diamond League tenía dos citas: el 18 de agosto en Birmingham, había un 800 y un 1.500; y el 24, en Paris, lo mismo. La apetecía muchísimo y, si tuviera el dinero, hasta pagaría por correr en esos templos del atletismo. ¿A eso se refería Agustín?

Repasando el whatsapp, reparó en los que le había puesto Aiora y sintió el amago de una erección. Antes de salir de casa, había metido el libro en la mochila. No lo había abierto en el autobús por no despertar la curiosidad de sus acompañantes y tampoco quería abrirlo en su mesa, por la misma razón: a su alrededor había media docena de personas que podrían sentir la tentación de fisgar si veían un libro con el título de Pacto de Amor.

Aprovechando que Alberto Cortés -anda que no le vacilaban con el nombre- estaba de permiso por su recién estrenada paternidad, cogió la mochila, se metió en su despacho, cerró la puerta y sacó el libro. Alberto era un maratoniano de cuarenta años, ingeniero veterano de CAF y su fan número uno. Tenía varias marcas de maratón entre 2:35 y 2:40 y seguía intentando romper esa barrera de las dos horas y treinta y cinco minutos. Fue él quien le convenció para formar parte de primer equipo de CAF en la Carrera de Empresas, que ganaron con facilidad. La bronca que le echó su entrenador, al verle correr en mayo una carrera popular, no se le había olvidado todavía.

Por aquello de cubrirse, le puso un whatsapp: ‘Aupa, Alberto ¿qué tal la tirada de hoy? ¿te ha dejado dormir la niña? Estoy en tu despacho por una cuestión privada con mi agente. Si alguien me pregunta, le diré que me has pedido que te lleve unos papeles.’

La respuesta llegó de inmediato: ‘Todo tuyo. He dormido como un tronco y salgo a correr ahora mismo antes de que apriete el sol. ¿Corres en Madrid?

‘Luego te cuento. Eskerrik asko!’

Siguiendo las instrucciones de Aiora, se fue a la ficha 47 y leyó: ¿Te acuerdas de la época en la que eras aún virgen? ¿De tu torpeza, tu timidez y todos tus apetitos sin saciar? ¿No te hubiera gustado que alguien experimentado te hubiera iniciado en el placer? Da marcha atrás. Eres un joven torpe, un estudiante que se siente más a gusto en compañía de Kant y de Hegel que de una mujer, quitando a tu madre, por supuesto. Va a pasar la tarde, como de costumbre, en tu habitación, con un libro y escuchando música. Y cuando tu preciosa casera sube a hacerte una visita… no sabes dónde meterte.

La idea de ser seducido por una casera tan atractiva como Aiora le excitó de verdad, pero el efecto desapareció casi de inmediato al recordar el entrenamiento previo, que nada tenía que ver con el sexo. Serían unas series agónicas de 400, 500 y 600 metros, que le dejarían el ácido láctico por las nubes y la libido por los suelos.

En ese estado, le entró la llamada de Agustín, mucho antes de las 10:00. Su reloj marcaba las 8:57.

- ¡Hola! Agustín ¿qué me cuentas?
- Buenos días, Mikel. Perdona que me haya adelantado, pero es un asunto urgente. ¿Puedes hablar?
- Sí, sí, adelante.
- Habría una posibilidad para correr en la Diamond League: Birmingham o Paris. ¿Cómo lo ves?
- ¡Joder Agustín! ¿qué hay que hacer? ¿En qué prueba?
- No corras tanto, chaval. Hay alguien que podría facilitarte la participación y ese alguien quiere hablar contigo cuanto antes.
- Dale mi teléfono y dile que me llame.

Se hizo un breve, pero espeso silencio, tras el que Agustín retomó la conversación.

- No puede ser por teléfono, tiene que ser en persona. Quiere conocerte y hacerte la oferta… que tiene una contrapartida. ¿Recuerdas el whatsapp?

Empezaba a incomodarle el cariz que estaba tomando la conversación. ¿Cuál era el precio? Agustín se movía por dinero. ¿Por qué y para qué tenía que intervenir una tercera persona? ¿A qué tanto misterio? Correr en Birmingham o en Paris era un sueño. No podía esperar más.

- Salgo de trabajar a las tres, estaré en casa a las cuatro y tengo entrenamiento a las seis. Entre las cuatro y las seis ¿dónde quedamos?

- Te llamo enseguida.

Dos minutos después, recibió la llamada de Agustín: ‘En el hotel Astoria a las 16:30. Espera en la zona de recepción. No me falles’ Y colgó.


domingo, 18 de agosto de 2019

XVII San Roke Kros Igoera. 2019

Hace cinco años, el 15 de agosto de 2014, una atleta poco conocida entonces por aquí, la alavesa Elena Loyo, con 31 años, llegaba 13ª de 99 clasificados en la XII Subida a San Roke, que entonces tenía un recorrido de 6,2 km y ofrecía dos suculentos almuerzos: en la ermita, nada más llegar a la meta, y en el barrio de Buruntza de Andoian, punto de partida, al bajar.

Los dos almuerzos se siguen manteniendo y lo que ha cambiado es la distancia: 11,5 km, en los que la joven donostiarra Sara Alonso (20 años), llegó 20ª de 67 clasificados.

Después de aquello, Elena Loyo ha desplegado una interesante carrera, que le ha llevado a ser internacional. Este año, tiene la segunda mejor marca de España en maratón, con 2:31,13, conseguidos en Hamburgo. Sara es una de las mejores especialistas en los 3.000 metros obstáculos, con una marca de 10:39.10, que es la 15ª del ranking de España esta temporada. Solo el tiempo dirá si la joven donostiarra llega adonde ya ha llegado la veterana alavesa. Tiempo tiene y determinación le sobra.

El primero en llegar a la meta fue el tolosarra Aitor Regillaga, a quien este tipo de carreras, que combinan monte y asfalto en trayectoria ascendente, le van como anillo al dedo. Éstos fueron los 10 primeros:

Pto
ATLETA
Tiempo
1
Aitor Regillaga
0:55:16
2
Jon Ugalde
0:55:43
3
Aritz Mujika
0:56:55
4
Xabier Satrustegi
0:57:48
5
Asier Rajado
0:58:55
6
Raúl Gómez Margallo
1:00:22
7
Ismael Mateo
1:00:35
8
Asier Landaki
1:00:35
9
Jon Aperribai
1:01:53
10
José Javier Maiza
1:02:20

Y éstas fueron las 8 clasificadas:

Pto
ATLETA
Tiempo
1
Sara Alonso
1:06:33
2
Lourdes Colomo
1:08:09
3
Marina González
1:12:01
4
Aitana Amundarain
1:16:27
5
Itziar Urdapilleta
1:22:55
6
Ana Rodríguez
1:23:42
7
Mª José Hernández
1:26:07
8
Idoia Esnaola
1:44:08

La participación se movió en cifras similares a la de los últimos años, como vemos en el cuadro:

2014
2015
2016
2017
2018
2019
99
89
75
82
62
67

En el facebook de Javier Zatarain tenéis un reportaje fotográfico marca de la casa.