Desde que nos dejó, el 25 de mayo, le he estado dando vueltas, tratando de encontrar el tono. He revisado el post una y otra vez y llevo toda la tarde buscando el momento de publicarlo.
Lo hago hoy, 22 de julio, casi dos meses después, porque creo que no seré capaz, por mucho que lo revise, de expresar todo lo que era él.
Creo que muchos seguidores de este modesto blog lo conocían y habían tratado con él, disfrutado de su amabilidad, su magnífico estilo personal, sus consejos a la hora de comprar una zapatilla -que nunca era la última, porque siempre repetíamos y volvíamos a ese pequeño comercio en las galerías de la calle Elkano- sus ánimos en las carreras, las conversaciones hablando de atletismo... o de la Bolsa, otra de sus pasiones.
Allá por los años 80 del siglo pasado, Laister, primero en la Avda. Zumalakarregi y más tarde en la calle Elkano, era el paraíso de los atletas y muy especialmente de los atletas populares, en aquella época en la que pasamos del footing y el jogging a una práctica atlética más seria, sistemática... y adictiva. Algunos, incluso, pasamos a federarnos. ¡Qué osadía!
Conocí antes a su hijo, también Pedro Peña, un atleta muy menudo, entrenado por Eugenio Hernández Galán, que se fue con él a Madrid cuando abrió una 'sucursal' de Laister en la Avda. Donostiarra.
Y aquí, en la calle Elkano, hace más de 30 años, se quedó su padre, Pedro Peña.
En los más de diez años que estuve trabajando en los Servicios Centrales de Kutxa, en la calle Garibai, me encontré con Pedro muchas veces y no solo en la tienda, a la que iba por las tardes o los sábados, a ver las novedades. Por las mañanas, antes de abrir la tienda, se pasaba por el Club de Bolsa de Kutxa. Y al mediodía, antes de ir a comer a su casa, en Egia, se daba otra vuelta por allí. Y antes de abrir por las tardes, se daba otra vuelta para ver cómo iba el cierre. Y en ese txoko nos vimos y charlamos muchas veces
Sabía de Bolsa mucho más que yo y también, por supuesto, de zapatillas.
Las últimas que le compré, cuando estaba liquidando el material de la tienda, unas Brooks Adrenaline GTSXX de color azul, todavía las uso para andar porque eran/son comodísimas, además de bonitas. Y son las únicas a las que no les he hecho un agujero en el uper con la uña del dedo gordo del pie derecho. Y tienen unos años ¿eh?
Estuvo al pie del cañón, trabajando, hasta muy cerca de los 80 años. Estoy seguro de que lo hacía porque le gustaba. Le encantaba su trabajo. Ya no quedan personas así o quedan muy pocas. Yo que voy a cumplir 71 años y -lo confieso- estoy jubilado un poco a regañadientes, le envidiaba.
Su muerte me pilló por sorpresa y me dejó una sensación de vacío. Hay personas de las que pensamos aquello de 'tanta paz lleves como descanso dejas'. En sus antípodas están hombres como Pedro Peña Álvaro, de quienes guardaremos por siempre un gran recuerdo.
Fue un pequeño -por la estatura- gran hombre.

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