Es un homenaje y una
declaración de honor al cine. A ese cine que recuerdo de mi época de chaval,
las sesiones dobles, la censura, la fila de los mancos, los gritos, los
aplausos, las lágrimas, las risas...
Cinema Paradiso nos permite rememorar un tiempo pasado, tal vez no mejor, en el que
reconocemos comportamientos, valores y principios ya olvidados en este mundo
tan políticamente correcto que nos está tocando vivir. Y nos permite disfrutar
de extraordinarias interpretaciones como la del gran Philippe Noiret,
que borda el papel de Alfredo, el viejo proyeccionista del Cinema Paradiso del
pueblo siciliano de Giancaldo.
Los que no la hayáis
visto, os estáis perdiendo algo más que un clásico: una verdadera joya.
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