viernes, 15 de marzo de 2013

El lado bueno de las cosas


Para mí, que me precio de ser positivo, un título como El lado bueno de las cosas es una propuesta que no podía rechazar. Si, además, ha sido candidata al Óscar a la mejor película y su protagonista ha sido galardonada con el Óscar a la mejor actriz principal, ver la peli se convierte casi en una obligación.

Nunca mejor dicho. Lo que yo pensaba que serían dos horas de disfrute delante de la pantalla del cine, se convirtieron en una penosa obligación de aguantar hasta el final sin levantarme. Porque no recuerdo haber estado tan cerca de salir del cine sin terminar de ver la película.

La historia no se sostiene, la mires por donde la mires. Los personajes son inconsistentes. Y de los actores, no se salva ni Robert De Niro, en una burda caricatura de un sesentón italoamericano, fracasado, apostador y supersticioso, cuya vida gira alrededor de los Philadelphia Eagles, un equipo de fútbol americano, que deambula por la mitad de la tabla. El final de la peli está al nivel de los telefilmes que ponen en la tela los domingos por la tarde, a la hora de la siesta.

La oscarizada actriz protagonista, Jennifer Lawrence, no aparece hasta bien avanzada la película y se limita a correr sin estilo, a ser arisca y/o promiscua con cuantos se cruzan en su vida; y a unas escenas de baile  (¿es ella la que baila, o una doble?) que me hacen recordad aquello de Sabina de que 'cantaba regular, pero movía el culo con un swing que derretía el hielo de las copas'

¿Será ese culo el que le ha dado el Óscar?

martes, 12 de marzo de 2013

Fumata blanca



Nuestro cónclave empezo en Córdoba, a mediados de octubre de 2012. Nunca pisamos la Capilla Sixtina. Ni siquiera llegamos a visitar la Mezquita corbodesa, cerrada a la hora a la que me acerqué por allí. Tampoco había entre nosotros ningún cardenal, salvo que tengamos en cuenta los golpes que nos ha ido dando la vida, de los que, algunos, todavía, conservamos evidencias.

Al llegar aquí, amable lector, ya te habrás dado cuenta de que no estoy hablando del tema que, sorprendentemente, acapara la atención de una sociedad que se confiesa laica.
Preguntas que nos hacemos con
cada proyecto

La fumata blanca, nuestra fumata blanca, se produjo el domingo 10 de marzo, hacia las 14:00 horas, cuando dimos carpetazo el Proyecto Gran Capitán. El secreto profesional, recogido en nuestro código deontológico, me impide entrar en detalles de tan complejo proyecto, que me va a servir de base para escribir un post genérico al respecto de las cosas que suelen pasar cuando nos enfrentamos a un proyecto de final incierto, en el que la fumata blanca no está garantizada.

Seguro que muchos de vosotros, en términos coloquiales y/o caricaturescos, habéis oído hablar de lo que en la literatura especializada se conoce como el ciclo de vida de un proyecto accidentado:
  1. Inicio del proyecto.
  2. Gran entusiasmo.
  3. Desilusión.
  4. Caos.
  5. Búsqueda de culpables.
  6. Castigo a los inocentes.
  7. Conclusión del proyecto.
  8. Promoción a los no participantes.
Cuando nos juntamos más de 30 personas, que procedemos de 4 organizaciones distintas, que no nos conocíamos antes o que nos conocíamos mucho ('no hay nada peor que conocerse' solía decir un compañero ya jubilado con bastante mala leche) el riesgo de que pasen estas cosas crece exponencialmente. Ahora que hemos terminado, todos los que veían los toros desde la barrera nos confiesan que no daban un duro porque saliéramos ilesos.

Porque hasta el punto cuatro cumplimos el guión a rajatabla. Mucho entusiasmo al principio (algunos apostaban por terminar en un par de meses), los primeros tropezones (que nos convencen de que es imposible terminar en 2012) y, poco a poco, una bola de nieve, que estalla el día de San Sebastián.

Por fortuna, nos paramos ahí. En vez de buscar culpables, buscamos soluciones. En vez de castigar a los inocentes, les escuchamos, les reconocimos su trabajo y les dimos apoyo. Y los no participantes siguen donde estaban y hemos conseguido que no estorben.

Por fortuna -y no diré nombres, por seguir manteniendo el secreto profesional, pero espero que cada cual se reconozca- hemos contado con dos chicas maravillosas, una en Madrid y otra en Bilbao, jóvenes, dinámicas, con criterio, con mucho criterio, con carácter, con sentimientos, incansables, que me hacen tener fe en el futuro. Además, me atrevería a decir que entre ellas ha nacido una amistad/complicidad que seguro que les ayuda en sus carreras profesionales.

Por fortuna, he confirmado que aquellos que conocía bien son magníficos profesionales, capaces de aportar toda su experiencia, todo su conocimiento, todo su gusto por el trabajo bien hecho y toda su capacidad para sortear las situaciones más complejas. Ingeniero viene de ingenio ¿verdad?

Por fortuna, a mis 57 años, he tenido la oportunidad de encontrarme con alguien que trabaja más horas que yo, que es más optimista y más positivo que yo, que tiene más motor que yo, que aguanta más que yo, que tiene mejor estilo que yo y que me ha puesto las pilas. Porque yo admito con facilidad que haya alguien más listo, pero ya me cuesta más asumir que trabaje más ¿eh? Aunque sea más joven. ¡Ojalá! tenga la suerte de volver a encontrarme con él, porque a mí me va la marcha. Eskerrik asko! 

Por fortuna, he podido delegar en dos compañeros, que han sido mi salvación y fundamentales en que 25 personas, en Madrid, hayan trabajado sin descanso durante meses, incluyendo largos fines de semana, en medio de un envidiable ambiente de trabajo. Los dos han demostrado que pueden funcionar igual, de bien, la sobriedad castellana o el gracejo andaluz, si van acompañados de la integridad, el compromiso y el ejemplo personal.

Por fortuna, hemos contado con un EQUIPO de verdad, con mayúsculas de verdad, que ha demostrado, una vez más, aquello de que un equipo es mucho más que la suma de sus componentes. Cada uno con su estilo, cada uno con sus conocimientos, habilidades y competencias, cada uno con su origen, cada uno con sus circunstancias, han tenido claro el objetivo y se han lanzado a por él. Con cualquiera de ellos, volvería a trabajar con los ojos cerrados. Y con todos juntos me iría al fin del mundo. De verdad.

Y, por fortuna, nuestro jefe ha sido un líder. Nos ha dicho con claridad cuál era el objetivo y qué esperaba de cada uno de nosotros. Nos ha dado apoyo, sin buscar culpables cuando salía fumata negra; y reconocimiento cada vez que acertábamos e íbamos abriendo camino, a machetazos, en medio de la selva. Nos ha seguido, sin que nos sintiéramos perseguidos. Nos ha escuchado. Nos ha sugerido, sin imponerlas, ideas que nos han alumbrado desde su visión, más elevada que la nuestra. Para mí, ha sido una suerte volver a trabajar con él.

Bueno, voy terminando y lo hago con esta cita anónima: 'El optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa'. Como yo presumo de ser optimista, espero ansioso mi siguiente proyecto.

domingo, 10 de marzo de 2013

Hugo Chávez: ¿bueno, feo o malo?

El título lo he sacado de uno de los artículos de opinión de El País del jueves, que dedicaba más de una docena de páginas a la muerte de Hugo Chávez y a especular con el futuro de Venezuela tras la desaparición del líder bolivariano, que estuve leyendo en el tren que me traía a Madrid.

No pretendo, en este modestísimo blog, competir con la documentada información que proporcionaba El País, de la que subrayo estos datos:
  • A día de hoy, todavía no hay un parte médico de su muerte. Recuerdo que, en 1975, cuando murió Franco, en la cama, como Chávez, el 'equipo médico habitual' iba informando de la evolución de su enfermedad.
  • Chávez estableció relaciones cordiales con países como Libia (en la época de Gadafi), Siria, Irán, Corea del Norte...
  • La clase media profesional ha desaparecido de Venezuela, empobreciendo todos los sectores y provocando que, por ejemplo, la enfermedad de Chávez fuera tratada en Cuba.
  • El bolívar, la moneda nacional, ha perdido el 90% de su valor en relación al dólar. Ahora mismo, se cambia en el mercado negro a un tercio de su valor oficial. Todo ello, en unos años en que el precio del barril de petróleo se ha multiplicado por diez.
  • Hablando del petróleo, su populismo hace que sea casi gratis para los colombianos y altamente subvencionado para los países amigos, como Cuba, que luego vende el que le sobra, a precio de mercado. China se cobra su gigantesca deuda en petróleo.
  • Como otros dirigentes que obtuvieron el poder mediante elecciones democráticas (Hitler es el ejemplo más sangrante),  cambió la Constitución y otras leyes para perpetuarse y debilitar los sistemas de control al gobierno.
  • La televisión tuvo una influencia decisiva en que se hiciera con el poder y lo mantuviera en cuatro elecciones consecutivas. El golpe de estado que dio antes de ganar las primeras elecciones terminó con una intervención televisada del militar golpista. Con su característica elocuencia, vino a decir que la revolución bolivariana que él lideraba había fracasado 'por ahora'. Una vez presidente, puso en marcha el programa 'Aló, presidente', en el que saturaba a la audiencia con su verborrea de tertuliano, dividiendo al país entre sus fieles y los demás, calificados de traidores. Nada nuevo bajo el sol. Berlusconi se mantiene gracias las televisiones que controla. Beppe Grillo, otrora estrella mediática y ahora renegado, pero eternamente presente en los medios, ha conseguido que le voten más del 20% de los italianos.
  • Durante su presidencia, Venezuela ha pasado a ser uno de los países menos seguros del mundo, con un ratio de asesinatos superior a los de ciudades tan inquietantes como Bagdad o Kabul.
  • Se ha violentado la constitución bolivariana, nombrando presidente a Nicolás Maduro.
Voy acabando. Llama la atención El País sobre el clamoroso silencio que en los últimos 10 años ha mantenido Gabriel García Marquéz respecto de un personaje que, de haber vivido más, bien podría haber sido un doble del coronel Buendía de 'Cien años de soledad'. 'No quiero que me usen' es lo único que parece ser ha que llegó a decir.

Y se atribuye a Simón Bolívar, tan invocado por Chávez y su seguidores, esta frase: 'Si un hombre fuese necesario para sostener un Estado, ese Estado no debería existir, y al fin no existiría'

¡Pobre Venezuela! y ¡Pobres venezolanos!

miércoles, 6 de marzo de 2013

¿Dónde están los líderes del siglo XXI?


El pasado finde, en compañía de mi hijo, que la veía por primera vez, volví a ver, por tercera vez, Gandhi, la gran peli de Richard Attenborough, ganadora de 7 Óscars en 1982, entre ellos los de mejor película, mejor director y mejor actor (Ben Kingsley).
 
Durante más de tres horas vemos en acción a uno de los grandes líderes del siglo XX: un hombre de apariencia insignificante, que hace apostolado de la no violencia, movilizando a un país de mil millones de habitantes y consiguiendo una descolonización impensable solo unos pocos años antes. En esta materia, podemos afirmar que hay un antes y un después de Gandhi.
 
En otra onda completamente distinta, Churchill fue un gran líder para los ingleses, lo mismo que Roosevelt para los americanos, De Gaulle para los franceses, Adenauer para los alemanes, Gorbachov para los rusos o Nelson Mandela para los sudafricanos. Todos ellos, en algún momento,  tomaron decisiones valientes, que derivaron en nuevos modelos sociales, económicos y políticos.
 
Consumida la octava parte del siglo XXI, no soy capaz de atisbar ni un solo líder de esa talla; sometidos todos a la disciplina de los mercados, ubicados en el corto plazo, con el horizonte de las próximas elecciones, y sin ideas para movilizar a los ciudadanos.
 
Nelson MandelaSí, ideas, como la no violencia de Gandhi, el 'sangre, sudor y lágrimas' de Churchill, el new deal de Roosevelt, la Francia libre de Gaulle, la idea de Europa de Adenauer, la perestroika de Gorbachov o la reconciliación de Mandela.
 
¿Qué ideas tenemos para enfrentarnos a este siglo XXI y a este cambio de época? ¿Vamos a esperar esos cambios del mercado o del capital? No parece razonable ¿verdad?
 
Mientras llega ese líder, capaz de decir, como Gandhi: 'La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios'; busquemos, como él, 'nuestra recompensa... en el esfuerzo y no en el resultado'. Porque: 'Un esfuerzo total es una victoria completa'.

sábado, 2 de marzo de 2013

La mancha humana

El domingo por la tarde, en el tren que me devolvía a casa, terminé de leer La mancha humana, tercera parte de la trilogía americana, de Philip Roth, tras Pastoral americana y Me casé con un comunista.

Siguiendo el modelo de las anteriores, el narrador se sitúa en la época del escándalo de Bill Clinton con Monica Lewinski, trazando un paralelismo con el escándalo suscitado en una pequeña comunidad universitaria por la conducta de Coleman Silk, ex-decano de la misma. Alrededor de este potentísimo personaje, a lo largo de 311 páginas, irán apareciendo su familia, sus amantes, sus colegas, sus aficiones y su determinación, que algunos llamarían egolatría. Nos encontraremos con saltos en el tiempo, revelaciones sorprendentes y situaciones dramáticas, que ponen en entredicho las convenciones sociales de las que nos hemos dotado para llevar una vida ordenada. 

La película no es capaz de recoger
la enorme densidad de la novela
El racismo, la segmentación entre negros, judíos, blancos, americanos y europeos, el amor y el odio, la bondad y la maldad, la sexualidad, el individualismo y el gregarismo de lo políticamente correcto, van aderezando una historia que nos deja frases como: 'La universidad de Howard me pareció una concentración excesiva de negros en un solo lugar'. '¿Dónde crees que encontraré la fuerza para ser tan cruel conmigo misma?'. '¿Quién puede entender a los 32 años que a los 71 es exactamente igual?'. 'Agitando los puños ante las caras de la gente que odiaban mucho más de lo que en sus momentos más insufribles ellos dos podían llegar a odiarse mutuamente'.

Es, por fin, una historia construida sobre una gran mentira, que puede resumirse en esta frase: 'La verdad acerca de nosotros es interminable'.

Una gran novela, para meterse en vena, sin anestesia.

miércoles, 27 de febrero de 2013

¡Indignaos!

Europe Ecologie closing rally regional elections 2010-03-10 n04.jpgHoy, a los 95 años, ha muerto Stéphane Hessel, que saltara a la fama en 2010, con la publicación de ¡Indignaos! un libro de 60 páginas, al precio de 5 €, del que entre Francia y España se han vendido más de dos millones de ejemplares. El subtítulo de la edición española dice: Un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica. 

El prólogo de esa edición está escrito por José Luis Sampedro, y comienza con las palabras 'Yo también'. ¿Os suena mi post de ayer?. De ese libro, me quedo con el título de dos de sus 'capítulos': 'La indiferencia: la peor de las actitudes' y 'La no violencia, el camino que debemos aprender a seguir'.

Supongo que ahora se reeditará, lo mismo que otro libro del mismo autor: ¡Comprometeos!, editado en 2011, que termina con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, publicada el 10 de diciembre de 1948, en cuya redacción Stephane Hessel participó activamente. En la portada de este libro se dice: 'Ya no basta con indignarse'. Por cierto que os recomiendo la lectura de esa Declaración. Serán diez minutos muy bien empleados.

Porque la indignación mal gestionada puede llevar a situaciones como la que actualmente vive Italia, con más del 50% de los votantes decantándose o por un cacique o por un bufón. Y yendo algo más atrás, a que alguien como Hitler, en 1933, llegara al poder después de unas elecciones democráticas. O, en nuestros días, a votar al Frente Nacional en Francia o a cualquiera de las marcas de la ¿izquierda? abertzale en Euskadi.

Volviendo al movimiento de los 'indignados', de los que ya vamos conociendo varias versiones, desde los del 15-M, hasta los de 'Stop Desahucios', cierro con lo que escribía ayer Javier Elzo en su blog: 'No siempre el pueblo tiene razón': 
  • A la postre, y en cada momento histórico, cada pueblo tiene los lideres que él mismo ha generado. Y, llegado hasta aquí, me parece, como poco, una enorme pereza intelectual limitarse a echar las culpas de lo que pasa solamente a los políticos.
  • Me preocupa el populismo, que solamente da respuestas simples a problemas complejos. Y si encuentran algo así como un "líder", es la antesala del fascismo.
Descanse en paz Stéphane Hessel y ¡ojalá! sepamos gestionar bien nuestra indignación.

martes, 26 de febrero de 2013

¿Yo también voté a Berlusconi?

No lo he visto por televisión (lógico, porque apenas la veo), pero sí que escucho por la radio un anuncio que me incomoda: 'Yo también', de Euskaltel Ona. Muchos publicistas han elogiado el anuncio y no seré yo quien les corrija. En mi opinión, explota el concepto de 'tribu' (muy en boga hoy en día), concediendo carta de normalidad a comportamientos gregarios, cercanos a la mediocridad, la vulgaridad, la pereza, la vanidad, el individualismo y hasta la insolidaridad.

Trasladado el anuncio a las recién celebradas elecciones lesgislativas en Italia, podrían añadir: 'Yo también voté a Berluconi', o 'Yo también voté e Beppe Grillo'.

Hace tres o cuatro años, con mi mujer y mi hijo, disfrutamos de una semana de vacaciones en Roma, siendo Berlusconi presidente del Consejo de Ministros de Italia. Todavía no habían salido a la luz los escándalos del 'bunga-bunga', aunque ya era notorio que su comportamiento atentaba contra la buena imagen de la potentísima 'marca Italia'. Cuando preguntaba a la gente, todos me contestaban abochornados, sin entender cómo era posible que alguien le hubiera votado. No me encontré, en ninguna parte, con ningún votante de Berlusconi. Extraño ¿verdad?

Sin embargo, lo que parecía un cadáver político, ha resucitado y ha vuelto a irrumpir con fuerza en el Congreso y en el Senado italiano, volviendo a Italia ingobernable, una vez más. Con una semana más de campaña -Berlusconi tiene un control casi absoluto de la televisón-  seguro que sus resultados hubieran sido mejores.

Para explicar este fenómeno, me he encontrado con esta frase de la poetisa Maya Angelou: 'He aprendido que las personas se olvidan de lo que dices, también de lo que haces, pero nunca se olvidan de cómo les haces sentir'.

A nuestros más bajos sentimiento apela Berlusconi y también el otro candidato populista: Beppe Grillo, que ha tenido el acierto de decir a cada uno de sus oyentes lo que cada uno de ellos quería escuchar. Lo que es difícil imaginar es el papel que pueden jugar estos 'nuevos' políticos y en qué medida pueden construir un programa y un discurso compartido.

Berlusconi, Monti y Grillo
Mario Monti llevaba año y medio diciéndoles a los italianos lo que no querían escuchar y haciéndoles lo que no querían que les hicieran. Poco importa que, en ese tiempo, hayan bajado la deuda y la prima de riesgo, o haya mejorado la imagen de la maltrecha 'marca Italia'. El pueblo ha preferido postergar los inaplazables sacrificios que tendrá que hacer, mejor pronto que tarde, sustituyéndolos por la queja y el pataleo. Los que aquí suspirábamos por una figura como la suya nos hemos llevado un buen chasco.

Dice Leonard Cohen que 'Nunca hay que quejarse, sino combatir el desasosiego con inteligencia y elegancia'. No creo que el viejo (solo un par de años mayor de Berlusconi) y elegante (como Mario Monti) Leonard consiguiera muchos votos con este eslogan.