
Con 18 años, se fue a estudiar COU a los EE EE. Allí no se jugaba al fútbol y en los fríos inviernos de Wisconsin, a 20º bajo cero, no había deporte al aire libre, así que el plan B fue apuntarse al equipo de natación, hasta que llegara la primavera. Entonces, se apuntó al equipo de atletismo. Probó los saltos, la velocidad, las vallas, el medio fondo... El entrenador no sabía que hacer con él, pero le dio una última oportunidad: completar el relevo 4x400. Juntó a todos los que no tenían sitio en el equipo y les dijo: 'tenéis que dar una vuelta a la pista detrás de este atleta'. Fue el único que lo consiguió y así se ganó su plaza en el relevo, bien que a cambio de aprender lo que es una pájara. A partir de ahí, con trabajo y esfuerzo, llegó a ser el segundo hombre en el 400.

Fue a estudiar a Barcelona y aunque seguía en la Real, entrenaba con un grupo del Barça, con el que no consiguió repetir sus marcas anteriores.
Se casó y dejó de correr porque sí, sin ninguna razón. No hizo nada de deporte en 7 años. En 2005, con la llegada del mundial de veteranos de San Sebastián, se juntaron cuatro amigos y empezaron a entrenar otra vez. Sus hijas iban creciendo, ya eran un poco más autónomas y podía sacar algo de tiempo para entrenar.
Al principio fue un desastre, una lesión detrás de otra; algo nuevo para él, que no se había lesionado nunca.
Pero, como siempre, con constancia, disciplina y esfuerzo, se ha consolidado en le élite europea de los 400 metros vallas y el verano pasado, con 46 años, en la frontera entre Alemania, Polonia y la República Checa, consiguió la medalla de plata, con 1’:00”:20, a 96 centésimas del ganador y 1”:54 por delante de la medalla de bronce.
Es mejor persona que atleta -si cabe- y un acreditado profesional en todo lo que tiene que ver con el cuidado de los pies. Os lo recomiendo.
http://www.javierfoncea.com/
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