Ya había más gente en la sinagoga Pinkas, que sobrecoge con la lista de 77.297 nombres escritos en sus muros, fallecidos en los campos de concentración nazis, de acuerdo con la 'solución final' ideada por el siniestro Reinhart Heydrich, 'protector' de Bohemia y Moravia (que es como Hitler rebautizó a Checoslovaquia), conocido como 'la bestia rubia' y 'el nazi perfecto', por su absoluta amoralidad. También se conservan los dibujos de los niños judíos internados en el campo de Terezin entre 1942 y 1944, de los que sólo unos pocos salvaron la vida.

En el resto del recorrido por la sinagoga Klaus y la sala de ceremonias, estaba ya abarrotado de turistas. Curiosamente, apenas hemos visto japoneses, omnipresentes por toda la cuidad. En cambio, hemos oído hablar en francés a cada momento.
Para recuperarnos, hemos hecho la turistada del día, tomando un barco que durante una hora nos ha paseado por el Moldava, mientras descansábamos al sol, acariciados por la brisa.
Uno de los magníficos edificios del barrio judío |
La tarde la hemos dedicado al shopping y la Visa apenas ha sufrido algún leve rasguño.
Se nos ha hecho corta esta visita a Praga, una cuidad en el corazón de Europa, a tiro de piedra de Berlín, Viena, Bratislava y hasta Budapest, que tenemos pendientes de ver. Cuando vayamos, fijo que volvemos a Praga.
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