
Como mis expectativas eran más bien bajas, salí del cine bastante satisfecho. La recreación del monstruo es espectacular y la atmósfera otoñal de las islas británicas sirve de marco para una historia que llega hasta lo más profundo de las personas más sensibles, entre las que no creo encontrarme.
Los efectos de animación que aparecen en las historias que el monstruo le va contando a Connor, me parecieron muy originales y coloristas, por contraste con el tono sombrío de la película.
Si vais a verla o la habéis visto ya, contadme vuestra impresión. Yo no lloré ni llegó a conmoverme la historia; y sólo me quedé con unas imágenes deslumbrantes y la gran interpretación del chaval protagonista (Lewis MacDougall) y de la elegantísima Sigourney Weaver a la que me cuesta imaginar en el rol de abuela. Para mí, siempre será la teniente Ripley de Alien (1979) o la brillante intelectual Lauren Slaughter de La Calle de la media luna (1986).
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