
Correr en casa tiene muchas ventajas. La primera, que la víspera vas a dormir en tu propia cama. La segunda, que vas a comer y cenar de forma ordenada, sin preocuparte de buscar un determinado tipo de comida o restaurante. Le podemos añadir la familiaridad de entorno, la proximidad de los nuestros, el conocimiento de trayectos, horarios, accesos, etc.
Cuando viajamos el ecosistema que nos rodea cambia radicalmente y mucho más si lo hacemos en grupo. Será complicado hacer lo que haríamos si estamos en casa, ya que tenemos que ponernos de acuerdo y buscar consensos sobre el hotel, la comida, el descanso, el ocio... Eso lleva tiempo y esfuerzo, no solamente físico, también mental. Por poner un ejemplo, todavía recuerdo los kilómetros y kilómetros que anduvimos la víspera del Maratón de New York (1994) por la Gran Manzana y el poco fundamento con el que comimos, que privaron a nuestras piernas de la frescura necesaria para la carrera.
Sin embargo, viajar, especialmente en grupo, nos produce una sobreexcitación positiva. Estamos localizados en la carrera y mucho más relajados. Tenemos la mente ocupada en otras cosas y no obsesionados con la competición.

El truco está en conseguir que tu carrera sea una referencia que atraiga a atleta de fuera. Tenemos ejemplos globales, como el Maratón de New York, y locales, como la Behobia-San Sebastián. Y modelos como el de Valencia, que está extendiendo su claim: Valencia Ciudad del Running mucho más allá de sus fronteras naturales.
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