La estabais esperando ¿verdad? Ima González Gete vuelve a demostrar su generosidad con este blog y nos obsequia con un relato intimista, accesible para todos aquellos que hemos hecho del atletismo, que es mucho más que el running, parte de nuestros hábitos y, por lo tanto, de nuestra vida. La ilustración de abajo es de su puño y letra. Un artista por partida doble

Las etapas agradables, son como una autopista; uno
pone el control de velocidad y el vehículo apenas gasta combustible. La
cuestión es, que si cada cual no disfruta de ello, corre peligro de ni tan
siquiera darse cuenta de lo que le ha costado llegar a estar en forma.
En contraprestación, tenemos las largas pretemporadas
y las puñeteras lesiones. Dolores en lugares que ni la mente del mismísimo
Julio Verne hubiera llegado a imaginar que existían. Nombres técnicos para
describir de manera casi impronunciable, que simplemente te duele el pie, la
pierna, la espalda o peor aún, todo a la vez.
Es entonces cuando la relación atleta-entrenador pasa
por una verdadera prueba de fuego. Hablar, escuchar y sobre todo hacer caso. En
definitiva, confianza. El míster sabe, uno hace balance de lo que ha mejorado
en los últimos años y ese es un gran aval para mantener la confianza en el guía.
Pero en estos momentos de bajón, también te vienen a
la memoria los grandes deportistas que has ido dejando por el camino. Personas
que han ido cayendo, como si la vida deportiva fuera una especie de desembarco
de Normandia en la que los heridos se van supliendo por soldados de reemplazo o
jóvenes valores en este caso.
Las citadas lesiones, las relaciones de pareja, los
hijos, los estudios, el trabajo o la pérdida de ilusión, son factores (tan importantes, como personales) que condicionan
o limitan la vida deportiva. Y yo empiezo a acordarme de mucha gente, personas
con las que acabas compartiendo alegrías y desdichas, Amistades labradas a
fuego, porque sufrir une mucho. Y claro, cuando desaparecen, te
entristece.
Pero siempre aparecen jóvenes empujando, cargados de
ilusión y locura, que te contagian y hacen que tu espíritu rejuvenezca año tras
año y esto es lo que hace único al deporte. Vivimos en una agradable burbuja,
que permite la interacción entre generaciones, diferentes entes laborales y nacionalidades.
Un lujo a valorar como se debe.

La constancia siempre tiene premio, el que ama acaba
siendo amado, el que entrena acaba rindiendo, el dolor pasa y en estas, me
viene a la mente “vivir para contarlo es la ley” del grupo Violadores del
Verso.
Un saludo a todos.
Ima. @AtletaAnarka
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