Así bautizó el mítico José Luis Bereciartua al Velodromo de Anoeta, refugio de lujo para los atletas donostiarras y de los alrededores, como alternativa al frío, la lluvia, el viento y hasta al granizo y la nieve, que nos han castigado este invierno e insisten en seguir haciéndolo durante la primavera.
Debo reconocer que como los toros mansos a las tablas, también yo tengo una querencia natural a buscar el abrigo de ese coliseo a nada que la climatología amague con enseñar sus garras más o menos afiladas.

Estuve entrenando con ellos una tarde, allá por el mes de septiembre, y me invitaron a volver un día que hiciera mal tiempo de verdad. Visto el panorama, esperaré hasta el mes de mayo confiando en que al menos no nieve. La ausencia del granizo no sé si la puedo descontar.
Hay otro aspecto que yo resaltaría. Nos parece tan natural que lo obviamos. Estos días me han comentado que en Sabadell, creo, tienen también una preciosa pista cubierta pero que no les dejan usar. No profundicé en los motivos. Desde que soy niño recuerdo el velódromo como alternativa lógica al mal tiempo. Parece que la lógica no se impone en otros lares.
ResponderEliminarAsí es, Ramón. Esta misma mañana, me contaban que para usar las pistas en Pamplona (exteriores ¿eh?), tienes que estar federado. Increíble ¿verdad?
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