lunes, 25 de mayo de 2026

Millas, milleros e ilusiones por el sumidero

¿Sabéis? ¿Cuándo te pasas de listo, te crees mejor de lo que eres y te ponen en tu sitio en menos de un segundo? Pues así, en dos líneas, podemos resumir lo que pasó o dejo de pasar este sábado, en el Campeonato de España de Milla para Veteranos. O Máster, que suena cool, incluso le da un toque chic y demás historietas, que cada uno adorna su árbol de navidad como le viene en gana y tal.

Esta es la historia de alguien de a pie, un tipo normal, con un motor de andar por casa, pero con una ilusión, que ya la quisiera el 99,9% de los deportistas de élite mundiales. Porque sí, malo soy un rato, pero ilusión por entrenar y venirme arriba me sobra; me sobra tanto que a veces me emborracho de ella y está bien, más bien, muy bien, que me pongan los pies en la tierra de un sopapo como en el del pasado sábado

Y es que uno se quiere. ¡Qué hostias! el amor propio ante todo. Que vengan aquí todos a la vez si quieren, que son pocos y cobardes y para cuando te has dado cuenta te han dado una paliza, que parece que te has cruzado con la hinchada del Liverpool hasta arriba de cerveza y después te han venido los del Zenit de San Petersburgo para rematarte. Pero uno se levanta y tan solo acierta a decir: 'p'a habernos matao', ¿Flo, que toca mañana?

Y en esas estamos.


Total, que el sábado, con viento de poniente, pusimos las velas rumbo al oeste. Como Colón, pero los indios éramos nosotros o mejor dicho, los que íbamos a hacer el indio. Y ojo, que no éramos cojos, que servidor se rodea de buenos bandoleros. El Jordi Cabestany y el Sergio Román, un comando con más guerras que los Africa  Korps y los Tercios de Flandes juntos, aunque sinceramente lo que me viene a la cabeza es la banda de Pancho Villa.

Fue llegar a Sarón (Cantabria), coger el dorsal y empezar a encontrarnos atletas de los buenos. Por ahí andaban los bizkainos del Beste Bira Loiu, que pese a ser del Athletic son gente de bien, el aragonés Miguel Allueva, los manchegos Cesar García y Pedro Vega, Fabián Roncero ¡Fabián Roncero! ¡me cago en la leche! toda una leyenda del atletismo.

Y llegó la hora de correr, ¿qué cosas eh? Tras dos horas de coche y una noche con el culo como un limón de los nervios y me sorprendía que llegara la hora de dar el do de pecho. El primero fue Jordi que con 69 años, finalizó quinto en la categoría M-65. Ojo con el Jordas, que tiene historias para escribir una saga y unas manos que ponen a tono al más pintado. Mucho respeto a un tipo tan discreto, como cachondo. Si abre la boca, lo mejor es prestarle atención.

Seguido corría Sergio en la categoría de medio siglo. Acabó quinto y corriendo como lo hace siempre, de atrás para adelante.

Ahora me tocaba a mi. Aquí el optimista pensaba, 'esto lo arreglo yo, me voy a llevar una chapa como hay Dios'. Curioso que dijera esto, cuando soy más ateo que Santiago Carrillo. Pero bueno, ya he dicho antes que uno se quiere y tiene ilusión. Un ilusión que me llevaba a la velocidad de la luz contra un muro. Pero ilusión, en definitiva.

Fue dar el pistoletazo de salida y antes de dar el segundo paso, cualquier opción, plan, idea o planteamiento pre-establecido  se fue literalmente por el sumidero, a una velocidad pogacariana (de Pogacar).

No miento si digo que en ningún momento me vi en carrera. Creo que lo más parecido a mi carrera fue como cuando se te escapa el bus y en un arranque de impotencia corres, a sabiendas de ¿cómo leches voy a pillar a un bus corriendo? Pues eso.

Lo más curioso es, que mediada la carrera, apareció como un avión José Gómez de Arriba, un maratoniano en toda regla, al que al verlo en la línea de salida pensé, ¡joder se le van a salir las tuercas! Pues ¡zasca! las tuercas se me salieron a mi, por bocas y por iluso.

Carrerón de Josinho (tercero y chapa). Gracias a él, empalmé con cabeza de carrera por décimo cuarta vez... y por décimo quinta, reventé. A él va dedicado este retrato.

Llegué a meta sexto, con el pulso a 230 ó 240, una embolia de mil pares y apretando para que no me pasaran el séptimo y el octavo. Vamos, una delicia.

Al minuto, bueno algo más tarde, Jordi, Sergio y el junta letras que firma esto, estábamos echando unas buenas risas y dando buena cuenta de la tortilla de patatas que nos había hecho mi padre. Que es bastante mejor cocinero que yo atleta. Bastante no, mucho mejor.

 A groso modo, eso fue la carrera. Si NO queréis que vuelva a escribir, dadle like. Jajajajajaja!!!!!!

1 comentario:

  1. Excelente crónica! Me gusta mucho tu estilo y ya quisiéramos muchos correr a tu nivel! Enhorabuena por esa ilusión, que dure muchos años!

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