¿Sabéis? ¿Cuándo te pasas de listo, te crees mejor de lo que eres y te ponen en tu sitio en menos de un segundo? Pues así, en dos líneas, podemos resumir lo que pasó o dejo de pasar este sábado, en el Campeonato de España de Milla para Veteranos. O Máster, que suena cool, incluso le da un toque chic y demás historietas, que cada uno adorna su árbol de navidad como le viene en gana y tal.
Esta es la historia de alguien de a pie, un
tipo normal, con un motor de andar por casa, pero con una ilusión, que ya la
quisiera el 99,9% de los deportistas de élite mundiales. Porque sí, malo soy un
rato, pero ilusión por entrenar y venirme arriba me sobra; me sobra tanto que
a veces me emborracho de ella y está bien, más bien, muy bien, que me pongan los
pies en la tierra de un sopapo como en el del pasado sábado
Y es que uno se quiere. ¡Qué hostias! el amor
propio ante todo. Que vengan aquí todos a la vez si quieren, que son pocos y
cobardes y para cuando te has dado cuenta te han dado una paliza, que parece
que te has cruzado con la hinchada del Liverpool hasta arriba de cerveza y
después te han venido los del Zenit de San Petersburgo para rematarte. Pero uno
se levanta y tan solo acierta a decir: 'p'a habernos matao', ¿Flo, que toca
mañana?
Y en esas estamos.
Fue llegar a Sarón (Cantabria), coger el
dorsal y empezar a encontrarnos atletas de los buenos. Por ahí andaban los
bizkainos del Beste Bira Loiu, que pese a ser del Athletic son gente de bien, el
aragonés Miguel Allueva, los manchegos Cesar García y Pedro Vega, Fabián Roncero ¡Fabián Roncero! ¡me cago en la leche! toda una leyenda del atletismo.
Y llegó la hora de correr, ¿qué cosas
eh? Tras dos horas de coche y una noche con el culo como un limón de los
nervios y me sorprendía que llegara la hora de dar el do de pecho. El primero
fue Jordi que con 69 años, finalizó quinto en la categoría M-65. Ojo con el
Jordas, que tiene historias para escribir una saga y unas manos que ponen a
tono al más pintado. Mucho respeto a un tipo tan discreto, como cachondo. Si
abre la boca, lo mejor es prestarle atención.
Seguido corría Sergio en la categoría de medio
siglo. Acabó quinto y corriendo como lo hace siempre, de atrás para adelante.
Ahora me tocaba a mi. Aquí el optimista
pensaba, 'esto lo arreglo yo, me voy a
llevar una chapa como hay Dios'. Curioso que dijera esto, cuando soy más ateo
que Santiago Carrillo. Pero bueno, ya he dicho antes que uno se quiere y tiene
ilusión. Un ilusión que me llevaba a la velocidad de la luz contra un muro.
Pero ilusión, en definitiva.
Fue dar el pistoletazo de salida y antes de
dar el segundo paso, cualquier opción, plan, idea o planteamiento pre-establecido se fue literalmente por
el sumidero, a una velocidad pogacariana (de Pogacar).
No miento si digo que en ningún momento me vi en carrera. Creo que lo más parecido a mi carrera fue como cuando se te escapa el bus y en un arranque de impotencia corres, a sabiendas de ¿cómo leches voy a pillar a un bus corriendo? Pues eso.
Carrerón de Josinho (tercero y chapa). Gracias a él, empalmé con cabeza de carrera por décimo cuarta vez... y por décimo
quinta, reventé. A él va dedicado este retrato.
Llegué a meta sexto, con el pulso a 230 ó 240, una embolia de mil pares y apretando para que no me pasaran el séptimo y el
octavo. Vamos, una delicia.
Al minuto, bueno algo más tarde, Jordi, Sergio
y el junta letras que firma esto, estábamos echando unas buenas risas y dando
buena cuenta de la tortilla de patatas que nos había hecho mi padre. Que es
bastante mejor cocinero que yo atleta. Bastante no, mucho mejor.
A groso modo, eso fue la carrera. Si NO
queréis que vuelva a escribir, dadle like. Jajajajajaja!!!!!!
Excelente crónica! Me gusta mucho tu estilo y ya quisiéramos muchos correr a tu nivel! Enhorabuena por esa ilusión, que dure muchos años!
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