Yo apenas probé el arroz que, para mi gusto, estaba corto de sal. Al retirar los platos, uno de los camareros que nos atendió, un joven alto y rubio, que hablaba un buen español con acento extranjero y resultó ser polaco, me preguntó, muy correctamente, por qué había dejado el arroz. Le contesté con una evasiva, diciéndole que ya estaba lleno, pero el, con la misma corrección, insistió en saber por qué apenas había probado el arroz. Entonces le dije que, para mi gusto, estaba soso. Me agradeció el comentario, que prometió trasladar a la cocina, convencido de que la opinión de los clientes, especialmente sus quejas, son el mejor camino para mejorar. Para compensarnos, por su propia iniciativa, nos invitó a sendas copitas de Pedro Ximénez.
Nada más entrar al local, nos acogieron de forma exquisita. Nos hicieron preguntas y en función de nuestras respuestas, nos hicieron sugerencias para ayudarnos a elegir el menú. Estuvieron pendientes de nosotros sin agobiarnos y nos despidieron con la misma calidez con la que nos habían recibido.
Además de comer muy bien y de disfrutar de las vistas y el embrujo de Córdoba ¿qué más se puede pedir? Si vais a Córdoba, pasaos por allí. Disfrutaréis del entorno, de la comida y de un servicio excelente.
'La calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia.' (John Ruskin)
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