sábado, 26 de octubre de 2013

Los oficios de las palabras

El DV saca en primera página a Txema Olazabal y le dedica un par de páginas, en las que el golfista de Hondarribia, premio Prínci-pe de Asturias de los Deportes, es el protagonista casi absoluto.

Esperaba con interés el discurso de Antonio Muñoz Molina, premio Príncipe de Asturias de las Letras, pero he tenido que recurrir a El País para conseguirlo.

Es un gran discurso, accesible en este link. Os recomiendo su lectura. Son apenas dos folios, en los que habla del oficio de escribir y de otros oficios, desde interpretar una partitura musical hasta levantar una pirámide de alcachofas en el escapare de una frutería. De una tarea práctica, de hacer algo que nos gusta y que a costa de aprendizaje y empeño se transforma en algo que pasa a integrarse beneficiosamente en la vida de sus destinatarios. Y se refiere al que para él -y para mí- es el oficio más placentero de todos: el del lector. 

Hablando del oficio de escribir y de todos los oficios, en la mitad del discurso sale el escritor comprometido con su tiempo cuando dice: 'Es difícil hablar de la perseverancia y el gusto del trabajo en un país en el que tantos millones de personas carecen angustiosamente de él. Es casi frívolo divagar sobre la falta de correspondencia entre el mérito y el éxito en literatura en un mundo donde los que trabajan ven menguados sus salarios mientras los más pudientes aumentan obscenamente sus beneficios, en un país asolado por una crisis cuyos responsables quedan impunes mientras sus víctimas no reciben justicia, donde la rectitud y la tarea bien hecha tantas veces cuentan menos que la trampa o la conexión clientelar; un país donde las formas más contemporáneas de demagogia han reverdecido el antiguo desprecio por el trabajo intelectual y conocimiento.'

Y termina su discurso recordando que en 1981, el año en que Tejero fue la imagen de un país el 23 de febrero, se entregaron los primeros premios Príncipe de Asturias. Entonces, el de las letras correspondió al gran poeta José Hierro. Dice así AMM: '... También aquellos tiempos de 1981 nos parecían amenazadores cuando nosotros los vivíamos. Y sin embargo no hemos dejado de respirar el aire de libertad que celebraba José Hierro. Sin esa respiración no habría sido posible la generación literaria a la que yo pertenezco. Incluso nos hemos acostumbrado tanto a ella que corremos el peligro de no saber ya apreciarla. Es nuestra responsabilidad salvar lo que ganamos gracias a que muchas personas hicieron y hacen bien sus oficios, privados y públicos; y también reflexionar con urgencia sobre todos los errores, todas las inercias y descuidos que necesitamos corregir. En esa tarea los oficios de las palabras podrán ser más útiles que nunca.'

Amén.

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