
Mi mujer, Pilar, es la que está a la derecha de la rubia, mi hija Maria, gritando y levantando los puños. Terminaría con las palmas de la manos amoratadas y casi sin voz de tanto aplaudir y animar a los miles de corredores populares que pasaron por allí, unos casi volando, como Jaume Leiva, otros felices al olor de la meta, algunos andando, agotados por el esfuerzo, y todos alucinados del apoyo de un público sin el que la B/SS dejaría de ser lo que es.

Con ellas estaban Cory, Adriana, Maider, Josu... y, de no haberse decidido a correr, a última hora, allí hubiera estado, como todos los años, Romain Purro.
Alrededor de Beronika, formamos un grupetto que rodea en la foto a la liebre, o la perdiz, como le dijo su aita. El que va a la derecha de la foto, con pantalón rojo me dijo en ese momento: 'Con esos ánimos ya se puede correr.'
Cierto, chaval, sin esos ánimos y los de miles y miles de animadores anónimos sería imposible que casi treinta mil corredores populares se echaran a la carretera.
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