Continuando con el post de ayer, nos está tocando vivir en una sociedad paranoica, dispuesta a sacrificar su libertad personal y su privacidad a cambio de la seguridad y la información, sobre todo si hay morbo por medio. Estos días, todos hemos tenido acceso a la conversación del papa Francisco con un amigo argentino o a las revelaciones de Bárcenas al juez Ruz, transmitidas en directo por twitter.
Estamos cada vez más controlados y más vigilados. Hemos perdido libertad y privacidad. Y, sin embargo, en mi opinión, estamos más inseguros que nunca, con miedo de todos y de todo. La globalización nos ha traído el american way of life y con él el fin de la privacidad, no en favor de la transparencia, sino del morbo, el espectáculo o la exhibición impúdica, que nos conduce a un clima generalizado de desconfianza, de todos y de todo. Da lo mismo que hablemos de política ('todos son corruptos'), de religión ('no me creo nada')... o de doping ('todos se meten').
Y me atrevo a pronosticar que a no mucho tardar, incluso en Euskadi, la policía y las Fuerzas Armadas serán las instituciones más valoradas, como ya sucede en España y en otros países.
Estamos sufriendo el castigo que nos pronosticó Benjamín Franklin cuando afirmó, hace más de 200 años, que: 'Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad'.
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