Pues bien, Sefarad ha caído en el viaje a Madrid de esta semana, haciendo buenos los dos retrasos padecidos en el tren, tanto a la ida como a la vuelta, invertidos en la apasionante lectura de las dos decenas de historias que nos cuenta a lo largo de las 500 páginas de la novela, algunas de ellas ligadas en un espacio-tiempo que atrapa al lector.
Como dice AMM en la 'Nota de lecturas' al final del libro: 'He inventado muy poco en las historias y las voces que se cruzan en este libro. Algunas la he escuchado contar y llevaban mucho tiempo en mi memoria. Otras las he encontrado en los libros'. Y añade una amplia bibliografía en varios idiomas.
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¿Habrá alguien mirando la cara de esta niña, alguien que advierta o reconozca en sus ojos oscuros la melancolía de un largo destierro? |
Como lector y seguidor de AMM, me atrevo a añadir que esas historias se enriquecen con la prosa, precisa, fluida, documentada, escrita a dos manos con el corazón y con el alma, que, a mí, me cautiva desde la primera hasta la última línea.
Precisa de un cierto estado de ánimo y, tal vez, de una cierta madurez, para disfrutar de historias de desarraigo, destierro, resignación y supervivencia.
A los que piensan que es una novela fatalista, que nos habla de un horizonte de paz y seguridad que nunca volveremos a pisar, les diría que es un novela que nos avisa de la fragilidad de la condición humana, capaz de los comportamientos más abjectos; y nos invita a evitarlos, a disfrutar de nuestra familia, nuestros amigos y nuestro entorno, sumando lo que nos hace diferentes para hacernos mejores.
Leedla y reflexionad.
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