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viernes, 14 de mayo de 2021

Baron Noir

La semana pasada terminé de ver Baron Noir, serie francesa de 2016, que se desarrolla en tres temporadas y ocho capítulos por cada una de ellas. Protagonizada por Kad Merad, que da vida a Philippe Rickwaert, alcalde de Dunkerque, ciudad portuaria del norte de Francia, a la vez que diputado en la Asamblea Nacional por el Partido Socialista.

La trama arranca con la investigación de una supuesta financiación irregular del Partido Socialista, en plena segunda vuelta de las elecciones a la Presidencia de la República. Rickwaert es uno de los más directos colaboradores del candidato socialista, Francis Laugier, que lo abandona a su suerte y que termina ganando esa elección.

A partir de ese momento, asistimos a la caída de un político intrigante, marrullero y tramposo, a la vez que seductor. Y a su remontada. Casi siempre en la sombra y muy contadas veces protagonizando audaces golpes de efecto, va librando sucesivas batallas, relacionándose y sirviéndose con y de todo el espectro político y enseñándonos las miserias del sistema, las debilidades y vanidades de los hombres y mujeres que han hecho de la política su oficio, y algunas -pocas- de sus grandezas.

Advertimos los peligros del populismo y las trampas de la comunicación y las redes sociales, en un guión muy bien trabajado, que resulta absolutamente creíble... y descorazonador.

La percepción del personaje de Philippe Rickwaert, por el que empecé teniendo un profundo rechazo, va evolucionando hacia una cierta simpatía por ser, tal vez, el menos deshonesto y el menos incoherente, además de el más inteligente y visionario de todos los que le rodean, sosteniendo los principios tradicionales de su partido. Un animal político, sin ninguna duda.

Tiene alguna similitud con Borgen, serie danesa, aunque en Baron Noir los personajes, por aquello de ser latinos tienen un punto de mayor agresividad y mala leche.

Imprescindible para cualquier ciudadano responsable... si es que aún queda alguno.

viernes, 9 de abril de 2021

Fauda

Me la recomendó un buen amigo, la puse en la lista de espera, empecé a verla en marzo, pasó el corte y me ha acompañado hasta hoy en mis sesiones de bici estática. 

Son tres temporadas, de doce capítulos cada una. El título, Fauda, que podemos traducir por caos, no podría estar mejor elegido, porque caótica es la situación que describe en los puntos más calientes del conflicto palestino, que se libra en territorio de Israel.

La serie está protagonizada por un grupo de élite de la policía/ejército de Israel, al que podemos aplicar aquello del agente 007: con licencia para matar. En cada una de sus tres entregas, ese grupo persigue a distintos terroristas o líderes palestinos, que van surgiendo como setas. También aquí podríamos apelar a aquello de a rey muerto, rey puesto.

Fauda, además de reflejar con toda crudeza la guerra soterrada que se libra en Palestina, nos va adentrando en las relaciones personales y familiares de los policías/militares de Israel y los activistas/terroristas palestinos. Aunque, bueno, si hablamos de terror, tan temibles son los unos como los otros.

No por desconocido, me ha llamado la atención el muy diferente rol que desempeñan las mujeres en uno y otro colectivo. Las mujeres palestinas van con velo, están metidas en sus casas, sometidas a maridos, padres y hermanos, y apenas hay un caso de una profesional cualificada, una médica, que juega un rol protagonista en las dos primeras temporadas. Pese a ello, son mujeres fuertes, con mucho carácter, duras y hasta fanáticas. 

Las mujeres judías que vemos en Fauda no se diferencian en el rol profesional de los hombres, asumen los mismos riesgos, toman la iniciativa en el sexo y es difícil asimilarlas al rol de ama de casa.

Abundan las torturas, las ejecuciones estilo aquí te pillo, aquí te mato. Las venganzas, los ajustes de cuentas, el ojo por ojo, diente por diente, en una espiral de violencia de la que parece imposible salir.

En el DV del miércoles entrevistaban al periodista Mikel Ayestaran, que lleva varios años residiendo en Jerusalén y ha escrito el libro Jerusalén, santa y cautiva. El titular de esa entrevista es: 'Jerusalén me ha dejado claro que aquí las sociedades multiculturales no funcionan.' Pues eso. 

Fauda es una serie dura, en la que no hay 'buenos' y casi todos tienen su punto de maldad, con dosis de lealtad, solidaridad, compañerismo, amistad, amor a la familia. Trata de escapar, a mi modo de ver, de convencionalismos y prejuicios, abordando con buenas dosis de imparcialidad el conflicto palestino-israelí. A mí me ha gustado, aunque debo confesar que me ha dejado mal cuerpo. 


viernes, 22 de enero de 2021

Breaking Bad

Los pilares de la motivación son tres: la autonomía, entendida como el deseo de dirigirse a uno mismo; la maestría, es decir, llegar a dominar una disciplina o actividad que nos gusta; y el propósito, la razón por la que hacemos las cosas, el 'para qué'. 

Así lo expone Daniel Pink, autor de La sorprendente verdad sobre qué nos motiva, libro/ensayo publicado en 2009, que es lo mejor que he leído sobre esa materia, absolutamente recomendable y siempre a mano en mi librería. 

Breaking Bad se estrenó en enero de 2008, por lo que es evidente que su creador, Vince Gilligan, no se inspiró en esa obra que, sin embargo, se puede aplicar al cien por cien a su protagonista, Walter White, un profesor de química, pluriempleado en un lavadero de coches para mantener a su familia, a quien diagnostican un cáncer terminal. Para pagar el tratamiento y asegurar el futuro de su familia, casi por azar, al coincidir con un antiguo alumno metido en el mundo de la droga, comienza a producir, primero, y vender, después, metanfetamina.

Ambientada en Alburquerque (Nuevo México), presenta situaciones límite, insólitas y hasta delirantes, como el hecho de que el cuñado de Walter es un agente de la D.E.A. (Administracion para el control de la drogas) que persigue al misterioso Heisenberg.

A lo largo de los 62 episodios de la serie, asistimos a la transformación de un apacible profesor de química en un criminal y un asesino implacable, haciendo honor al título, que podríamos traducir como volviéndose malo.

Lo que empieza siendo una huída hacia adelante para salvar su vida y su familia, deriva en una actividad que motiva al protagonista, que consigue fabricar (cocinar en el argot) la mejor droga y que va eliminando obstáculos, sin reparar en los medios, para conseguir la máxima autonomía en su negocio. Y en el fondo, siempre está la preocupación por el bienestar y el futuro de su familia. 

Si habéis visto la serie o si os animáis a verla, es posible que, como yo, terminéis simpatizando y sintiendo hasta compasión por un criminal amoral capaz de las mayores fechorías para seguir adelante son su actividad.

El protagonista, borda su papel, un rol muy complicado, con registros que van del delincuente más redomado al más tierno esposo y padre. 

Una gran serie.


miércoles, 2 de diciembre de 2020

Los favoritos de Midas

Lo leí el lunes en Twitter y lo apunté de inmediato. Siento no recordar de quién era el comentario, que dice así: 'Muy bien Los favoritos de Midas... pero la siguiente, una de ficción.'

Acababa de ver el cuarto capítulo, hoy, pedaleando, he visto el sexto y último; y suscribo plenamente el comentario.

Es una buena serie, con excelentes interpretaciones de Luis Tosar, el protagonista, y Guillermo Toledo, un policía veterano y desengañado, que tiene un aire a Colombo (les sonará a los de mi generación), aunque le falta su retranca.

La serie nos presenta el mundo de los medios de comunicación y la prensa escrita, incapaz de mantener su independencia porque su modelo de negocio hace tiempo que hace aguas y dejó se ser rentable.

Vemos el contraste entre la forma de vida de los más poderosos, el de la gente normal, esa clase media en peligro de extinción, y algunos retazos de los cada vez más numerosos y cada vez más a merced de la desinformación sistemática, con un futuro que cada día que pasa nos aproxima más al Mundo feliz de Huxley y al 1984 de Orwell.

Aquí os dejo dos preguntas que he visto en el comentario que hace Esquire

"¿Qué estás haciendo tú y qué estás dispuesto a hacer por romper el sistema de desigualdad social?". 

"¿Qué estás haciendo y qué estarías dispuesto a hacer por mantener tu situación actual?".

Si os animáis a verla, os gustará. Y si tenéis dudas, seguro que hay opciones alternativas porque aquí no vais a ver nada que os sorprenda. ¿O sí?


jueves, 26 de noviembre de 2020

Gambito de dama

Siete capítulos en seis días. Seis sesiones de bici: 193 kilómetros en seis horas y seis minutos. Eso me ha llevado Gambito de dama, serie que me recomendó mi hija... y también alguien más (¿Alex Naya? ¿Juan Car Arregi?). 

Una buena recomendación, con un matiz: mis expectativas eran tan altas, que me he quedado con las ganas, solo un poco ¿eh? Me encantaría que hubiera una segunda temporada.

La serie nos cuenta la historia ficticia de Beth Harmon, una huérfana de padre desconocido que pierde a su madre en un accidente de coche y recala en un horfanato, en el que aprende a jugar al ajedrez, desarrollando un talento que la llevará a la élite mundial siendo poco más que una adolescente. En medio, una adopción complicada, adicciones múltiples a las drogas y el alcohol, una vida desestructurada y distintas personas que se van cruzando en su vida y son su soporte.

De factura exquisita, recrea el ambiente y el entorno de los Estados Unidos a caballo de las décadas de 1950 y 1960, con el trasfondo de la guerra fría y el apabullante dominio de los ajedrecistas los la Unión Soviética.

Los que entiendan y dominen el juego del ajedrez -no es mi caso- disfrutarán de detalles de grandes partidas, acompañadas de una fantástica banda sonora, que también podemos apreciar en algunas escenas más sórdidas de drogas y alcohol.

La soberbia interpretación de la protagonista, Anya Taylor-Joy, contribuye a dar credibilidad a un personaje que sería algo así como una Maradona del ajedrez, una mujer con un talento excepcional para el juego; y una enorme  incapacidad para gestionar su vida fuera de un tablero de 64 escaques.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Borgen

Para combatir la monotonía de mis sesiones de bici estática, recurro a la visión de series de televisión que me recomienda mi mujer. En el confinamiento, empecé con La casa de papel, y la última que he visto y acabé la semana pasada es Borgen, una serie danesa que tiene como protagonista a una política 'distinta', que llega por sorpresa a ser primera ministra.

En paralelo, nos mete en la redacción y los estudios de una cadena de televisión y de un periódico sensacionalista, mientras nos va contando las relaciones entre la política y unos medios de comunicación en crisis de identidad y esclavos de las audiencias.

Borgen es como se conoce en Dinamarca al palacio de Christianborg, sede de los tres poderes del estado y oficina del Primer Ministro.

Los otros escenarios principales de la serie son los estudios de televisión TV1, la redacción del periódico Ekspres y la casa familiar de la primera ministra.

En sus tres temporadas, nos va contando el ascenso de Birgitte Nyborg, sus problemas para conciliar su vida familiar con la exigencias de la política, las intrigas palaciegas y los vaivenes de la prensa, con puertas giratorias con los gabinetes de comunicación de los políticos.

Acostumbrados a la vida política en España, llama la atención que muchos políticos, incluida la primera ministra, utilicen la bici para desplazarse, no haya casos de corrupción y sean tan accesibles a los medios.

A mí me ha encantado la serie y la recomiendo de verdad, haciendo una salvedad. Los 10 capítulos de la primera temporada están doblados al español y uno se familiariza con las voces de sus protagonistas. Sin embargo, los 20 capítulos restantes (10 de la segunda y 10 de la tercera temporada) están doblados al español que se habla en sudamérica o EE UU y cuesta acostumbrarse al cambio de registro.

En todo caso, una obra maestra sobre los entresijos de la política... y de la prensa.

viernes, 6 de marzo de 2020

The Young Pope & The New Pope

Quienes, como yo, quedasteis fascinados por La grande bellezza, de Paolo Sorrentino, Oscar a la mejor película en habla no inglesa en 2013, os sentiréis como en casa viendo las dos entregas de las series El Joven Papa y El Nuevo Papa, que he visto en el último mes en HBO.

La primera entrega, The Young Pope,  con un elenco de lujo, en el que destacan Jude Law y Diane Keaton, arranca con el nombramiento de un nuevo Papa, Pío XIII, el más joven de la historia. El arzobispo de New York, Lenny Bolardo, gana la batalla a su mentor, Michael Spencer, gracias a los manejos de un personaje extraordinario, el cardenal Angelo Voiello, Secretario de Estado del Vaticano, fantásticamente interpretado por un sublime Silvio Orlando

El que parecía un Papa dócil y manipulable, se revela caprichoso, radical, vengativo y conservador; un Papa que esconde su imagen y que inicia una revolución en el corazón de la Iglesia Católica.

Es una serie marca de la casa, en la que se nota el sello de Sorrentino en cualquiera de sus extraordinarios planos, con una estética apabullante y unos personajes carismáticos, entre los que, además de los citados, destacan el atormentado cardenal Gutiérrez, interpretado por Javier Cámara, y la responsable de marketing y comunicación, Sofía, interpretada por Cecile De France

No desvelaré el final de la primera entrega, que deriva en la necesidad de elegir un nuevo Papa.  Tras los manejos del Secretario de Estado, Voiello, resulta elegido un aristócrata inglés, encantador y sofisticado, Sir John Brannox, interpretado por Jhon Malkovich, el Papa Juan Pablo III

A lo largo de los 9 capítulos de la segunda entrega, The New Pope, iremos descubriendo cómo el que parece un Papa perfecto esconde secretos y una alarmante fragilidad, como una pieza de porcelana, que tiene que lidiar con problemas como el fundamentalismo islámico, la pederastia, la homosexualidad, los escándalos financieros y políticos, bajo la sombre de su predecesor, Pío XIII, convertido en un santo al que idolatran millones de fieles. 

A mi modo de ver, mientras la primera entrega, The Young Pope, se va desinflando a medida que avanza la serie, la segunda, The New Pope, va creciendo hasta alcanzar el clímax en un final sorprendente y bellísimo, no tanto por aquello de un final feliz, como por lo bien que encajan todas las piezas del rompecabezas, con una estética fascinante.

No es una serie para grandes audiencias, pero sí es una serie para paladares que saben apreciar La grande bellezza.