Mostrando entradas con la etiqueta Novelas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novelas. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de mayo de 2024

Galerna y Cordelia, dos novelas de Peru Cámara

Hace mucho tiempo que no hablaba de literatura en este blog. No es que haya dejado de leer, lo sigo haciendo y de forma a veces compulsiva. Es lo que me ha pasado con Cordelia, segunda novela de Peru Cámara (Portugalete, 1978).


Su primera novela, Galerna (2022) me llegó a través de mi hija. La acción, trepidante, transcurre en una sola noche en una Donostia azotada por una galerna que no parece tener fin. Es una novela policíaca, también novela negra, que tiene como protagonistas a un joven médico forense, una bióloga marina, trabajando en su tesis doctoral y un miembro de la Ertzaintza en horas bajas. Es, también, una crónica social y un retrato, a veces enamorado y a veces despiadado de Donostia, mostrando su lado oscuro.

Hace unos días, en El Diario Vasco, entrevistaban al escritor, que presentaba su segunda novela, Cordelia, y me apresuré a comprarla. Sus más de quinientas páginas las devoré entre la tarde de ayer, el viaje de ida y vuelta en autobús a Vitoria de esta mañana, y lo que quedaba, lo he liquidado después de comer.

Si en Galerna, una galerna sacude Donostia, en Cordelia, una terrible borrasca bautizada con ese nombre, tiene su epicentro en la Sierra de Aralar, donde aparece el cadáver de una vecina de Lekunberri, a mediados de febrero de 2020, unas pocas semanas antes de aquella movida del Covid.

Con los mismos protagonistas, el forense Aitor Intxaurraga, el ahora inspector de la Ertzaintza Jaime Otamendi, y la bióloga marina Eva San Pedro tratan de avanzar, contrarreloj y contra los elementos, en un caso que los lleva hasta un centro de alto rendimiento deportivo de Euskadi y a los dudosos métodos de su director. Pero en un azaroso revés, la investigación los trasladará a un trágico accidente del pasado: la desaparición de una joven de Barakaldo en las trágicas inundaciones de 1983.

Yo estudié en Bilbao de 1973 a 1978 y tengo un vivo recuerdo de esa margen izquierda, que la novela refleja con toda su crudeza. Y con la misma crudeza retrata la sociedad actual que, a los que ya tenemos una edad, cada día nos gusta menos.

Acción trepidante, saltos de guión, sorpresas y un desenlace... 

Si queréis pasar un buen rato de lectura, con el corazón en un puño, es una magnífica elección.


jueves, 7 de septiembre de 2023

30 de junio

En algún rincón perdido del disco duro del PC, tres proyectos de novelas negras duermen el sueño de los justos. 

Esta semana estamos de vacaciones en Font Romeu y en nuestras excursiones por caminos y montañas de la alta y baja Cerdanya, he ido hilvanando un proyecto de novela erótico-satírico-deportiva, uno de cuyos escenarios es esta localidad francesa, sede temporal o permanente de deportistas de alto nivel y/o de jóvenes aspirantes a serlo.

Sería una novela coral, que se desarrolla en una única jornada, el 30 de junio de 2023, fecha en la que uno de los protagonistas, Alain, alrededor de quien giran todas las historias que se van tejiendo, cumple 17 años. A lo largo del relato, se harían varios flash backs para explicar y poner en contexto lo que está pasando en ese momento.

Empezaría con la presentación de cada uno de los personajes y en este post vamos con los primeros párrafos de la presentación de Alain. Allá va.

Soy Alain, Alain Alberdi Alonso, hijo de Alazne Alberdi y Alex Alonso. Ya os habéis fijado que llevo el apellido de mi madre y que los nombres y apellidos de los tres empiezan por Al. Es marca de familia. Mi hermana tiene 20 años y se llama Alaia. Mi abuelo paterno es Alberto y mi abuelo materno, ya fallecido, se llamaba Alfonso.

Con estos antecedentes ¿adivináis cómo me llama todo el mundo, salvo mi familia más directa? AL. A ele. 

Mido 1.85 (este año he pegado un buen estirón), peso 75 kilos, soy un chico formal -'con 'fundamento', que diría Argiñano- buen estudiante y gran deportista, destacando en todos los que he practicado.

Llevo el pelo pelín largo (odio esos cortes que se hacen los chicos de mi edad, con la cabeza que parece un jardín de diseño, imitando a los futbolistas). Por mi forma de vestir, cuando no estoy haciendo deporte (que es casi nunca), se me podría calificar de pijo. En mi descargo diré que es el aita -sí, el aita- quien me compra la ropa.  Y yo, encantado.

Tengo una cara bonita (la ama dice que me parezco a Tom Cruise, pero soy mucho más alto que él) y todo el mundo me dice que las chicas se derriten por mis huesos (bueno, supongo que será por lo que los cubre), pero soy bastante tímido y hasta hace tres semanas no me había estrenado (en unas circunstancias bastante grotescas, dicho sea de paso). Ya os contaré.


Por esa competencia y habilidad en los deportes... y porque el aita es propietario de un hotel-boutique en Donostia, con muchos clientes franceses, los dos últimos años he estudiado el bachiller en la Cité Scolaire Pierre de Coubertin de Font-Romeu (ver foto), que acoge a chicas y chicos de toda Europa (aunque la mayoría son franceses), que destacan en hasta 24 deportes. Así, conseguimos que:

  1. Hable francés como un nativo, que es lo que quería el aita.
  2. Pueda practicar y progresar en el deporte que quiera. Lo difícil fue elegir uno, porque ya os he dicho que soy muy bueno en todos, desde al atletismo a la natación, pasando por el fútbol, basket, esquí... Al final me decidí por el atletismo, pero además de en las pistas, meto muchas horas en la piscina. Ya os explicaré por qué, más adelante
Con tanto tiempo dedicado a las clases. a estudiar, al gimnasio, al atletismo y a la natación (ya dejé el fútbol, el basket y el esquí, que han pasado a ser deportes de riesgo), apenas me queda tiempo para nada, ni siquiera para las chicas.

Y bueno, para no extenderme, como habréis deducido soy un poco -¿o bastante?- flipau.

Hoy, 30 de junio, ha sido el día más feliz de mi vida, he cumplido 17 años y he conseguido algo con lo que llevaba soñando todo un año. Y, sin embargo, estoy absolutamente abrumado y desconcertado con lo que me acaba de pasar y que intentaré contar a continuación.

Ahora os tengo que dejar porque me llaman para cenar. Estamos en Lisboa en un hotel super-elegante y vamos a celebrar mi cumpleaños con mis padres, mi hermana, mi abuelo Alberto y mi mejor amigo, Marco, que vive y estudia conmigo en Font Romeu y también es atleta. 

Ya se irán presentando.

martes, 20 de abril de 2021

Independencia

El pasado 31 de marzo os hablaba de Terra Alta, novela de Javier Cercas en la que nos presenta a Melchor Marín, un policía cuando menos chocante, ex-delincuente, lector impenitente y con un código de la justicia disidente.

Independencia es la segunda entrega de lo que el autor anuncia como una trilogía, que da continuidad a Terra Alta,  manteniendo los mismos protagonistas e introduciendo nuevos personajes, especialmente en los capítulos dedicados a los sospechosos de lo que parece una extorsión y termina enredándose en un complejo thriller en el que se cruzan el poder económico y político.

Ambientada en un próximo futuro, el escenario es una Barcelona que ha dejado atrás la quimera del procés y en la que, afortunadamente, no se hace ninguna mención a la pandemia del Covid19. A lo largo de las casi cuatrocientas páginas de una novela que se devora con avidez, hace una crítica muy dura de la clase política y económica dominante, cierto, que sirve a la trama como telón de fondo.

A mi modo de ver, esas clases políticas y económicas se pueden trasladar a cualquier otro escenario, sea en España, en cualquier parte del mundo y ¿por qué no? en Euskadi.

Los grandes protagonistas de la novela siguen siendo Melchor y su entorno personal, familiar, profesional y social. En una carrera contrarreloj, la investigación va avanzando hacia un desenlace que, siendo sorprendente, podemos ir adivinando a medida que progresamos en la lectura y el conocimiento de los personajes, cuya identidad se va desvelando con el transcurrir de la lectura.

Independencia es una gran novela, que merece mucho más que la polémica desatada sobre la posición política del autor, cuya lectura os recomiendo vivamente... después de leer Terra Alta.

miércoles, 31 de marzo de 2021

Terra Alta

En mi biblioteca física tengo tres libros de Javier Cercas. El primero que leí es Anatomía de un instante (2009), una interesante crónica del 23F que tal vez mereciera una revisión, Las leyes de la frontera (2012), ambientada en la Girona de 1979 y protagonizada por unos quinquis adolescentes y su posterior evolución, y Soldados de Salamina (2001), que fue la novela con la que consiguió vivir de la literatura.

Con Terra Alta (2019) ganó el Premio Planeta y es de esas novelas que tenía pendientes. Fui aplazando su lectura por aquello del Planeta  y porque me había llegado algún input sobre el tratamiento que se hacía del procés. Tras su lectura, el procés es una circunstancia que apenas influye en la trama. Lamento haber esperado tanto tiempo.

En Terra Alta, Javier Cercas nos presenta a Melchor Marín, un delincuente juvenil, hijo de una prostituta asesinada, de padre desconocido, que tras pasar por la cárcel, donde se aficiona a la lectura, se reconvierte en Mosso d'Esquadra. No desvelaré más detalles de la trama, que le lleva a ser destinado en la comarca catalana de la Terra Alta, un lugar donde nunca pasa nada, donde conoce a la mujer de su vida, con la que se casará y tendrá una hija, y donde se enfrentará a la tarea de resolver un triple asesinato.

Dos días me ha durado la novela, que tiene 384 páginas plagadas de personajes memorables, bien construidos, que entran y salen de historia vibrante, dinámica, violenta por momentos, con una bonita historia de amor y una reflexión sobre el valor de la ley, su ejercicio, la justicia, la venganza y las viejas heridas de la Guerra Civil en una zona que fue escenario de la batalla del Ebro, de la que se ocupa Arturo Pérez-Reverte en Línea de fuego, novela que me ha ayudado a entender algunos aspectos de Terra Alta.

A mí me ha gustado muchísimo y ya estoy con la secuela: Independencia. Ya os contaré.

viernes, 26 de marzo de 2021

El hijo del chófer

Ayer terminé de leer El hijo del chófer, novela de Jordi Amat, un relato descarnado de los peores vicios de la política, los medios de comunicación, el poder económico y financiero y la alta sociedad catalana en particular.

Su protagonista es Alfons Quintá, un tipo deleznable, que acabó suicidándose después de matar a su pareja, con una trayectoria profesional, en la que llegó a ser el primer director de TV3, tras ser el delegado de El País en Catalunya. Un tipo que llega a conocer las cloacas del poder, en cualquiera de sus versiones, y se aprovecha de ello en su propio beneficio. Un tipo sin ideología, que pasa de estar a punto de fulminar a Jordi Pujol por el caso Banca Catalana, a ser un ferviente nacionalistas y, más tarde, a posiciones reaccionarias. 

Hablando de Jordi Pujol, es un secundario de lujo, pues la novela describe con todo lujo de detalles cómo un financiero sin escrúpulos pasó a ser un líder carismático y personalizar el fenómeno del nacionalismo catalán.

Para quienes conocimos la Transición española, el libro engancha desde la primera página y las miserias que va desgranando el autor, sin tomar partido, asépticamente, nos resultan conocidas y familiares. Es una narración implacable, escrita con sobriedad, yendo al grano y apoyada en documentación objetiva y contrastable. Contrasta la mirada limpia del autor con la podredumbre que describe, en la hozan grupos económicos, políticos y mediáticos que contribuyeron al 'reinado' de Jordi Pujol.

El cierre en falso del caso Banca Catalana, que coincide en el tiempo con el acceso al poder de Pujol, está en el origen y es un síntoma de las malas prácticas que venimos padeciendo los ciudadanos españoles por parte de la política, las finanzas, la economía y, muy importante, los medios de comunicación que, como vengo repitiendo, han visto cómo se desmorona su modelo de negocio, derivando en que el que fuera conocido como el cuarto poder esté sometido a quienes tienen poder de verdad.

Es una lectura más que recomendable, un relato demoledor de las luchas por el poder y las relaciones promiscuas entre periodistas, políticos y financieros, de sus traiciones, sus renuncias y sus silencios.

viernes, 5 de marzo de 2021

Línea de fuego. Arturo Pérez-Reverte

'... las expresiones deformes que la muerte dejó en quienes hace poco eran, como él mismo, jóvenes y vigorosos. Cuánta desgracia, piensa. Cuánto dolor en familias, novias, padres, esposas, hijos. Cuánta fuerza, inteligencia, capacidad de trabajo y promesas de futuro malogradas de modo absurdo en esos trozos de carne inerte que se pudren entre los árboles, y a los que nadie da sepultura todavía.'

Así se expresa Arturo Pérez-Reverte, casi al final de Línea de fuego, su última novela, que narra un episodio de la batalla del Ebro de la Guerra Civil española, que arranca la noche del 24 al 25 de julio, cuando la XI Brigada Mixta del ejército de la República cruza el río para establecer una cabeza de puente en Castellets del Segre.

Las unidades militares, los lugares y los personajes que aparecen en las 740 páginas de esta novela son ficticios, aunque no lo sean los hechos ni los nombres reales en que se inspiran. Fue exactamente así como padres, abuelos y familiares de numerosos españoles de hoy combatieron en ambos bandos durante aquellos días y aquellos trágicos años.

Es una novel coral, con protagonistas en los dos bandos, con distintos comportamientos y motivaciones,  con sus luces y sus sombras, sus grandezas y sus miserias, que nos van cayendo más o menos simpáticos, más o menos odiosos, según nos los va perfilando el autor, un tipo que no deja a nadie indiferente, con un estilo propio y absolutamente reconocible.

A mí me encanta leerle, aunque discrepe a veces de sus posiciones y sus opiniones.

Así presenta la novela Arturo Pérez-Reverte en su página web: 'Cubrí varias de ellas como reportero, y hay un momento en que descubres que una guerra civil no es la lucha del bien contra el mal... Sólo el horror enfrentado a otro horror.'


jueves, 17 de diciembre de 2020

La cicatriz

Un friki de la informática, una misteriosa, atractiva y peligrosa ucraniana con una cicatriz inverosímil, un joven abogado muerto en extrañas circunstancias, varios mafiosos rusos, un magnate de la economía digital, un veterano héroe de la guerra de Afganistán, heroinómano, desterrado en Siberia, varios dramas familiares, una nueva aplicación que puede revolucionar el mercado de internet, una historia de amor, una venganza largamente planificada, distintos escenarios, desde el principal, Chicago, hasta alguna aldea afgana...

Juan Gómez-Jurado combina todos esos ingredientes y nos ofrece una novela adictiva, como El paciente, Reina Roja, Loba Negra o Rey Blanco.

Como esas cuatro novelas, La cicatriz me ha atrapado durante dos o tres días, que son los que he empleado en su lectura, tan adictiva como las anteriores.

He descubierto en el autor un enorme talento para escribir historias sorprendentes, escenarios exóticos y vulgares, comportamientos al límite, personajes irrepetibles, tramas complejas, sorpresas por doquier, acción vertiginosa, emboscadas en cada esquina, humor inteligente y desenlaces asombrosos.

Sin entrar en la calidad literaria, porque la acción y la trama llevan a una lectura ávida y vehemente, La cicatriz, como las otras cuatro novelas de Juan Gómez-Jurado que me he despachado en dos semanas, me ha proporcionado algunas de las horas más placenteras de estos días. Os propongo que probéis esa sensación. Ya me diréis si os gusta tanto como a mí.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

El paciente

Después de la trilogía Reina roja, Loba negra y Rey blanco, he tirado para atrás en la producción literaria de Juan Gómez-Jurado y ya me he leído las dos novelas que precedieron a esa trilogía. Hoy os contaré mis impresiones sobre El paciente.

Con el mismo ritmo narrativo y con párrafos más amplios y descripciones más detalladas, nos presenta a un joven y prestigioso neurocirujano, que ha enviudado recientemente y que se enfrenta al reto profesional más importante de su carrera, en unas condiciones extremadamente complejas, dramáticas, que no revelaré para no dar detalles de la trama.

El paciente, aunque aparece poco en la novela, por sus características personales y 'profesionales', despierta un enorme interés.

La operación a la que se someterá ese paciente, las circunstancias en las que produce y su desenlace, desencadenan un dilema moral y ponen sobre la mesa lo que podemos ser capaces de hacer por amor.

Hay un personaje femenino muy potente, con una actuación heroica y decisiva en el desenlace.

Siendo una novela negra o un thriller, tiene toques de humor, marca de la casa, que aligeran el relato y nos dan un respiro en los momentos de máxima tensión.

Por primera vez, aparece en escena el misterioso White, que comparecerá en la trilogía. Por eso, es interesante leer antes El paciente. 

Os invito a hacerlo, en la seguridad de que disfrutaréis de su lectura.

jueves, 3 de diciembre de 2020

Rey blanco

En Rey blanco, novela de Juan Gómez-Jurado que cierra la trilogía que arranca con Reina roja y sigue con Loba negra, terminan de encajar todas las piezas que quedaron sueltas en las dos primeras entregas y muchas más que se añaden al puzzle en la tercera.

Como las dos anteriores, me he ventilado la novela en dos días, aprovechando cada rato de tiempo disponible. Ayuda a ello la agilidad del autor a la hora de contar la historia: capítulos cortos, frases directas, diálogos rotundos, acción vertiginosa y tramas paralelas que van convergiendo hasta llegar al desenlace.

No os voy a contar nada de la trama, como tampoco hice con Reina roja y Loba negra, porque la gracia está en ir de sorpresa en sorpresa, de descubrimiento en descubrimiento, de susto en susto; de ir destapando cada una de las muñecas rusas que nos va presentando el autor, hasta llegar a la resolución de los sucesivos enigmas que nos va planteando.

Hasta hace unos pocos días, no había leído nada de Juan Gómez-Jurado y tras veinte horas de lectura me tiene entre los que estarán atentos a todo lo que publique.

De momento, siguiendo las recomendaciones recibidas, tiro atrás en el tiempo y ya he empezado con El paciente. 

lunes, 30 de noviembre de 2020

Loba negra

Si Reina roja la ventilé en dos días, la segunda parte de la trilogía: Loba negra, me ha llevado otros dos, con alguna larga sentada y decenas de escapadas para leer un par de capítulos, aprovechando algún minuto de tregua en mis quehaceres diarios.

Arranca donde termina la primera y nos lleva a un nuevo escenario: Marbella y la costa malagueña, donde asistimos a una compleja trama con algunos mafiosos rusos como protagonistas, ajustes de cuentas, policía locales impotentes para hacer frente a la delincuencia organizada y nuestros dos protagonistas: Antonia Scott y Jon Gutiérrez, que no son muy bien recibidos por allí.

Entra en escena una nueva protagonista: Loba negra, una asesina profesional con una misión que... bueno, no daré más detalles para no desvelar la trama.

Como en la primera entrega, acción a raudales, sorpresas por doquier, capítulos cortos e intensos, diálogos brillantes, comentarios ingeniosos y hasta un punto de humor.

Hoy mismo empiezo con Rey blanco, que cierra la trilogía y que, espero, me tenga tan 'viciado' como lo he estado la semana pasada con las dos primeras entregas. 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Reina roja

Mientras escucho en la radio hablar de la muerte, la vida y milagros de Maradona hasta el hartazgo, os voy a contar mi última lectura, una novela que compré para mi e-book la noche del domingo (22/11) y terminé de leer ayer por la noche (24/11). En dos días. Me la recomendó mi hija y me atrapó desde la primera línea.

Después de una novela densa y profunda, como Berta Isla, una gran novela, me he pasado a un autor del que no había leído nada, Juan Gómez-Jurado, con un estilo mucho más directo, ritmo y acción trepidantes, personajes insólitos, giros inesperados, sorpresas a granel y humor inteligente.

En el epílogo de la novela, el autor nos pide dos favores. El primero es que no hablemos a nadie del final ni hagamos comentarios en las redes sociales acerca del final. He disfrutado tanto que por supuesto que le haré ese favor. 

Es un thriller policiaco, con algunos personajes reconocibles y otros excepcionales. No os contaré más.

Os invito a leerla, en la seguridad de que vais a disfrutar de la novela. Y esta distopía que nos está tocando vivir... y va para rato, seis o siete horas de lectura apasionante son un buen analgésico.

Yo acabo de comprar la secuela: Loba negra. Ya os contaré. 

domingo, 22 de noviembre de 2020

Berta Isla

26/12/2017 es la fecha que aparece en el ticket del fnac de Donostia. La novela la compró mi hija (20,80€) y después de leerla se la pasó a mi mujer. Llevaba más de dos años en una estantería, hasta que el pasado viernes 13, al ver que mi e-book se había quedado sin batería, le di una oportunidad. 

La traducción de una oportunidad son cincuenta páginas. Apenas necesité veinte para engancharme y buscar un rato cada día, o más, para volver a la excelente prosa de Javier Marías, un autor que tengo muy poco leído. Si la memoria no me falla, leí Corazón tan blanco (que me encantó) y Mañana en la batalla piensa en mí (que me gustó menos).

Berta Isla (bonito nombre) es una historia de amor, de misterio, de peligros evidentes y soterrados, de engaños sucesivos y prolongados, de silencios eternos, de una época, que abarca desde la transición en España hasta el final de la guerra fría. 

Berta Isla son dos historias paralelas de dos personas que se aman, se necesitan, se complementan y, sin embargo, viven separadas, casi ajenas la una de la otra, 'esa clase de personas que no se ven protagonistas ni de su propia historia, sacudida por otros desde el principio; que descubren a mitad de camino que, por únicas que todas sean, la suya no merecerá ser contada por nadie, o será sólo objeto de referencias al contarse la de otra, más azarosa y llamativa, y sobre todo más elegida.'

En una novela densa (543 páginas), de digestión lenta, en la que el cómo se cuenta es tan importante o más que el qué, con reflexiones sobre el amor, el miedo, la vida, la familia, el trabajo y el rol que cada uno juega o le dejan jugar en el mundo.

Tomando una frase que se retuerce a lo largo de los diez capítulos: 'Y si se da, no se habrá dado, porque de hecho no se dará aunque se dé.'


martes, 13 de octubre de 2020

Años lentos

Cuatro años antes de Patria, en 2012, Fernando Aramburu publicó Años lentos, novela corta ambientada a finales de los años 60 y principios de los años 70 del siglo pasado en una barriada humilde del barrio de El Antiguo, que cuenta las vivencias de un chaval que viene de un pueblo de Navarra a vivir con sus tíos.

Me la recomendó un amigo y la he leído con interés. Yo nací en 1955 y me resulta familiar todo lo que se cuenta en la novela, que tiene una estructura peculiar, contada a dos manos por el protagonista y por el propio autor, a quien aquel se dirige en una sucesión de carta.. A mí me ha gustado.

Quienes hayan leído Patria y/o estén viendo la serie de HBO, reconocerán patrones comunes en las dos novelas, como los dos curas que figuran entre los actores secundarios. También podría ser una precuela, que deriva en una sociedad mucho más condicionada por la violencia y el fanatismo.

En esos años todavía vivía Franco, que veraneaba en San Sebastián y desfilaba por sus calles ante la curiosidad de algunos y el entusiasmo de no pocos, mientras ETA daba sus primeros pasos, como se recoge en la novela, que ganó la VII edición del Premio Tusquets.

Como en Patria, estamos ante una sociedad matriarcal, en la que los hombres se limitan a trabajar y son las mujeres las que gobiernan la casa y toman las decisiones. 

Si os gustó Patria, os gustará Años lentos. Y si no habéis leído Patria, podéis empezar con Años lentos.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Normal people ¿Gente normal?

Dicen que El guardián entre el centeno (1951 J.D. Salinger) marcó a varias generaciones de jóvenes y adolescentes, entre ellas la mía (1955). La he leído tres veces y en ninguna de ellas me ha dicho demasiado, aunque tengo que admitir que con el tiempo y las sucesivas lecturas, mi percepción ha ido mejorando. ¿Será que vuelvo a la adolescencia? También pudiera ser que nunca haya llegado a madurar. Por si acaso, no le voy a dar una cuarta oportunidad.

A la que seguro que daré una segunda oportunidad es a Normal people, en español Gente Normal, novela Sally Rooney (1991) publicada en septiembre de 2018, que ganó el premio a la mejor novela irlandesa del año. No la ha leído, pero me la recomendó mi hija... y le agradezco esa recomendación.

Lo que en apariencia es una novela para adolescentes, que cuenta la relación de dos jóvenes de distinta clase social, muy inteligentes los dos, que se conocen en el instituto y que traban una profunda amistad, aderezada con episodios románticos, sexo, malentendidos y coincidencias, que tienen como escenarios la cuidad natal de ambos, Dublin, donde van a la Universidad, y otras ciudades en Irlanda y en Europa, en las que van teniendo distintas parejas y sucesivos encuentros, que se nos van presentando en los 18 capítulos, aparentemente inconexos, que unen enero de 2011 con febrero de 2015.

La obra, escrita obviamente en inglés, tiene una excelente traducción en la edición de Ramdom House, con un lenguaje fresco, en el que podemos reconocer a nuestros hijos millennials.

Creo que la semana que viene veré la serie (12 capítulos en Starzplay) y que no tardaré en releer la novela, porque me da que es de esas en las que vas descubriendo algo nuevo cada vez que te asomas a ella.

En esta primera lectura me quedo con aquello de ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio...

viernes, 24 de julio de 2020

El mal de Corcira

La décima novela de Bevilacqua y Chamorro, duodécimo título de la serie, es la más extensa de todas. Tiene más de quinientas páginas que he devorado en menos de una semana. Es perfectamente reconocible el estilo de su autor, Lorenzo Silva, y de la mano del ya veterano subteniente Vila nos conduce por varios escenarios y espacios temporales que dan consistencia a la trama.


Los detalles de la investigación de un asesinato están aderezados y complementados por las circunstancias personales de la víctima, un tipo con muchas caras y no menos aristas. Lo que parece una pesquisa rutinaria se va complicando a medida que van saliendo nuevos datos, opacados al principio y que van aflorando por la perspicacia de los sabuesos pikoletos y las dudas, que son siempre la antesala del progreso. 

La novela ni esconde ni se solaza demasiado en el panorama sociopolítico de Euskadi en los años de plomo de finales del siglo XX, que aborda desde el punto de vista de un Guardia Civil y que, a mi modo de ver, están mejor recogidos en Patria, la novela de Fernando Aramburu, acudiendo, siempre en mi opinión, a lugares comunes y a simplificaciones de una situación mucho más compleja que la que yo he percibido de la lectura de la novela.

Dicho eso, es una novela negra y el contexto socio-político no deja de estar en un segundo plano mientras los focos se dirigen a la investigación del crimen.


No faltan en la novela la fina ironía del protagonista, su capacidad de reírse de sí mismo y de cuestionarse sus acciones, reflexiones sobre la condición humana y un ritmo narrativo que mantiene al lector ávido de descubrir lo que le espera en el siguiente capítulo.

 

lunes, 6 de julio de 2020

Tierra

Tierra, la última novela de Eloy Moreno, me ha parecido tan adictiva como todas las anteriores. Capítulos cortos, casi esquemáticos. Narración a ritmo de twitter. Desinformación. Vidas excesivas. Fake news. Juegos. Investigación. Dobles sentidos. Cambio climático. Conquista del espacio. Historias familiares. Realitys…


Tierra es el planeta que habitamos, según la primera acepción del diccionario de la R.A.E., pero no es solo eso. Lo iremos descubriendo a medida que avancemos en la lectura y vayan encajando las piezas de un puzzle tan enrevesado como sorprendente, con un desenlace que sólo se atisba al llegar al final de una lectura excitante.

Los personajes que van desfilando por la novela son tan reales y tan artificiales como muchos de los que nos encontramos cada día, en una sociedad en la que resulta cada vez más difícil distinguir entre lo verdadero y lo virtual.

 

Tierra es una novela inquietante que nos sugiere un futuro muy próximo en el que no me gustaría vivir.

martes, 19 de mayo de 2020

Cambio de planes

Fue una noche dura, que terminó antes de que saliera el sol. Se habían juntado dos docenas de personas, entre las que contó siete mujeres, la mayoría magrebíes. Trabajaban a buen ritmo y, aunque hacía frío, lo llevaban bien, llegando incluso a sudar por momentos. Rubén se llevó una botella de agua, de la que fue bebiendo regularmente, hasta vaciarla. También tuvo que vaciar un par de veces la vejiga.

Tras despedirse del capataz, que estaba contando las cajas de espárragos, perfectamente alineados y seleccionados, volvió andando. Tuvo la tentación de correr, que reprimió para evitar disgustos, aunque era poco probable que alguien le pudiera ver a esas horas. Había visto cómo se las gastaban la Ertzaintza y la Policía Municipal en Donostia, para hacer cumplir el confinamiento decretado con el estado de alarma; y no creía que la Guardia Civil o la Policía Nacional fueran más consideradas.

En apenas doce minutos, andando a buen ritmo, llegó hasta la casa que su tío tenía en las afueras, en la avenida de Zaragoza. Había luz en la cocina y llamó a la puerta, que abrió su tío Ariel, quien, tras mirarle de arriba abajo, le preguntó qué tal había ido la noche. Fue una pregunta retórica, porque apenas le dejó contestar, para decirle que se fuera a la ducha y que él le iría preparando el desayuno.

- Ya me ducharé en casa, tío, que no tengo ropa para cambiarme, pero el desayuno te lo acepto encantado.
- Tienes pan de ayer, tostadas, aceite, mantequilla, mermelada, jamón, fruta ¿Quieres un zumo? ¿Alguna otra cosa?
- Tranquilo, tío, me voy sirviendo.

Fue al frigorífico, cogió dos huevos y los puso a cocer, mientras se preparaba un zumo de naranja, cortaba un buen trozo de pan, lo partía por la mitad y metía las dos rebanadas en la tostadora.

La víspera apenas habían tenido ocasión de hablar y su tío empezó a hacerle preguntas sobre los estudios de ingeniería informática, el piso donde vivía en San Sebastián, sus compañeros, el trabajo que había dejado, cómo llevaba lo de no poder salir a hacer deporte y sus planes para cuando terminara el curso.

De todo fueron hablando mientras Rubén daba buena cuenta de los huevos, las tostadas y cuanto iba cayendo en sus manos. Su tío Ariel, mientras tanto, acercó un PC portátil y empezó a navegar por él. Además de la huerta, tenía otros negocios y Rubén se sorprendió cuando le dijo que estaba a punto de inaugurar un hotelito en el antiguo barrio judío de Tudela, en la calle San Miguel. Había previsto hacerlo en Semana Santa, pero el estado de alarma había aplazado sine die la apertura.

- Si te vas a quedar en Tudela, creo que me puedes ser mucho más útil en el hotel que recogiendo espárragos en la huerta. Vete a casa, cuida de tu madre, descansa, y venid a comer, a las dos y media.

viernes, 8 de mayo de 2020

Aquí no hay quien viva

Su aspecto monjil se desvanecía en cuanto abría la boca. Era deslenguada, faltona, grosera, insidiosa y difamadora. Se había quedado dormida en el sofá, donde había pasado la noche, tras salir a las diez con el perro pulgoso con el que vivía en un piso de más de doscientos metros cuadrados, que más parecía un almacén.

Enemiga de la ducha, su uniforme habitual, blusa blanca, falda gris por debajo de la rodilla, jersey azul marino y medias del mismo color, estaban adheridas a su piel, por encima de la ropa interior que a duras penas sujetaba sus partes más íntimas. 

Se despertó al sentir a los vecinos del piso de abajo, una especie de comuna de estudiantes que cuando coincidían con ella en el portal tiraban por las escaleras hasta el cuarto piso para evitar subir con María Eugenia y con sus pestilentes efluvios en el ascensor. Eran cuatro, tres chicos y una chica, la más descarada de todos, y los cuatro tenían bici. En cuanto se despistaba, subían la bici por el estrecho ascensor, contraviniendo el acuerdo tomado por la comunidad de vecinos el año pasado, cuando a ella le correspondió la presidencia.

Al enterarse de que la vecina de abajo era médico y trabajaba en la Residencia, ella misma había pegado en el ascensor y en el portal sendas notas invitándola a abandonar el piso, no fuera a contagiar el coronavirus a toda la vecindad. El mismo texto se lo había remitido al administrador de la comunidad, con que el se llevaba a matar, y al propietario de la vivienda, sin obtener respuesta más allá de la retirada de las notas y el apoyo del resto de los vecinos a la chica. ¡Cómo podía ser médico semejante marimacho que convivía con tres chicos! A saber lo que pasaba justo debajo de su casa.

Oyó como subía con la bici y los ruidos que fue haciendo nada más llegar. Escuchó el sonido de la ducha y una conversación en la cocina. Sólo faltaba el violinista. Tenía un palo de casi tres metros en uno de cuyos extremos había pegado una esponja. Con la herramienta en la mano, abrió la ventana de la cocina, que daba al patio, y golpeó los cristales del piso de abajo, a la vez que empezaba una perorata que, como de costumbre, no obtuvo respuesta de ninguno de sus vecinos. 

Desesperada, desayunó, atravesó el pasillo esquivando muebles, lámparas, cuadros, sillas y cajas de cartón, llegó a su habitación, se desnudó, pasó por el baño para desaguar, se puso el camisón sudado de la noche anterior, bajó las persianas, y tomó una pastilla para dormir.

jueves, 7 de mayo de 2020

Una pizarra, un violín y unos cartones de huevos

Las paredes de su habitación estaban forradas cartones de huevos. Era un cuarto pequeño, de apenas 2x4 metros, que daba a un patio interior. Lo había insonorizado así, en precario,  para poder practicar con el violín sin molestar a los vecinos y a sus compañeros. Iker era el más manitas de los cuatro y había hecho él mismo la decoración de las paredes, adhiriendo los cartones de huevos a una fina rejilla de nylon, tensada contra la pared con listones de madera clavados en los contornos verticales y horizontales de la habitación. Era una instalación fácil de desmontar y poco agresiva con unas paredes que habían conocido épocas de mayor esplendor.

El piso, un cuarto, en una casa de más de cien años, era algo más de la mitad el original, que ocupaba toda la planta y que se dividió en la década de los sesenta del siglo pasado, al fallecimiento de sus moradores originales, unos señores de Madrid, que veraneaban en San Sebastián. Tenía 120 metros cuadrados, repartidos en una cocina, dos baños, cuatro habitaciones y un salón comedor. La habitación que ocupaba Iker era la más pequeña de todas. Al momento de la construcción, era el cuarto del servicio, junto al que había un pequeño baño, que se conservaba casi igual que entonces, salvo la sustitución de la pequeña bañera original por un viejo plato de ducha rescatado de los escombros de alguna obra.

Iker era, después de Inés, el que más tiempo llevaba en el piso. Natural de Bergara, había estudiado Filosofía en la facultad de Educación, Filosofía y Antropología de la UPV, a la vez que continuaba con el violín en Musikene y con la natación en la piscina de Anoeta. Aunque siempre fue un estudiante y practicante brillante y aplicado, no tenía el talento suficiente para vivir de la música o del deporte y, tras hacer un máster CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica), llevaba dos años dando clases de filosofía a alumnos de primero de bachiller en el Instituto Zubiri-Manteo de Donostia. 

Se decantó por la filosofía tras leer, cuando tenía 15 años, El mundo de Sofía, una novela sobre la historia de la Filosofía, escrita por Jostein Gaarder, que fue un best seller mundial a mediados de los años noventa del siglo pasado. Empezaba con una frase enigmática, que le perseguía desde entonces, doce años después: '... al fin y al cabo, algo tuvo que surgir en algún momento de donde no había nada de nada...'

Qué difícil era conectar, a través de la filosofía, con chicos y chicas de dieciséis y diecisiete años, tan distintos de cómo se recordaba él con esa edad. O quizá no eran tan distintos.

Y qué difícil era la vida sin poder nadar. Desde el jueves 13 de marzo no había podido hacerlo, ni en la piscina, ni en el mar. Eran ya 19 días de sequía. Como sus compañeros de piso, había tenido que sucumbir a la bici, en el rodillo, y a las tablas de ejercicios que le mantenían ocupado por las tardes. 

Por las mañanas, seguía con sus clases a distancia, que estaban teniendo mucho más éxito que las presenciales. Con el fondo de los cartones de huevos, había improvisado una pizarra, que rescató del trastero del Instituto antes de que lo cerraran. Bueno, había rescatado dos. La otra se la dejó a Asier, que como profe de matemáticas tenía una puesta en escena mucho más sobria. En todas las clases introducía una breve pieza y para hoy, 1 de abril, había pensado en la romanza para violín nº 2 de Beethoven. ¿Qué mejor para hablar de Lutero?

Se había levantado pronto, como de costumbre, y estaba preparando la clase, cuando sintió la llegada de Inés y todo el protocolo que seguía desde que vivían, como el resto de la población, confinados por la pandemia de Covid19.

Se había acostado más tarde de lo normal porque se quedó con Asier viendo Sexo, mentiras y cintas de vídeo, una peli de 1989, en la que descubría a una espléndida Andie MacDowell, muy distinta de cómo la recordaba en Cuatro bodas y un funeral, y con un extraordinario parecido con Inés, en el que nunca habían reparado.

Mientras Inés iba al cuarto de baño grande y Asier andaba por la cocina, siguió preparando la clase. Se pondría una camisa blanca, inmaculada y entallada, que destacaba sus negros cabellos y permitía adivinar los firmes pectorales fruto de más de veinte años de natación.

Abriría la clase con esta cita de Martin Lutero: 'El pensamiento está libre de impuestos.'

miércoles, 29 de abril de 2020

Ni sexo ni mentiras ni cintas de vídeo

Salió de la ducha, se secó bien y se puso una camiseta negra de tiras, que le llegaba hasta la mitad del muslo y se fue a la cocina, donde se encontró con Asier, que estaba hablando por teléfono. Miró el reloj de la pared, que marcaba las 6:34, y metió un tazón de leche de avena en el microondas. Mientras se calentaba, limpió su teléfono móvil con alcohol y consultó el whatsapp, en el que no encontró nada de interés. 

Dos minutos y medio después, sacó el tazón del microondas, le echó una cucharada sopera de Ricoré y le dio cien vueltas, mientras observaba a Asier, que ya había colgado el teléfono y le ofrecía un paquete de galletas de avena. Había es sus ojos una expresión de asombro y sorpresa, como si acabara de descubrir algo. Y no tardó en soltarlo.

- ¡Joder! ayer Iker y yo estuvimos viendo Sexo, mentiras y cintas de vídeo ¿te suena? -Inés negó con la cabeza, mientras sorbía la leche- Te veo igualita a Andie MacDowell, la prota de la peli: los mismos pelos, las mismas facciones, la misma camiseta...
- ¿Andie MacDowell? ¿La pija de Cuatro bodas y un funeral? ¡Anda, no me jodas!
- La misma, sí, pero con algunos años menos y mucho menos sofisticada. La tienes que ver.
- Para pelis estoy yo. Menuda noche me han dado en el hospital. Me voy a la cama. ¡Ah! y no hagáis mucho ruido con la bici... ni con lo demás. ¿A quién le toca hacer la comida?
- Perdona, Inés, es que flipo con el parecido ¿Cómo van las cosas por arriba?
- Mal, bastante mal, nos falta material, estamos cayendo como moscas y los pacientes que entran están acojonados. Está siendo muy duro y yo también tengo miedo de contagiarme... y de contagiaros a vosotros. Tenemos que hacer una buena limpieza. En condiciones normales, yo puedo ser la más desordenada de los cuatro, pero debemos tener mucho cuidado con... Por cierto, hoy entraré a trabajar a las diez de la noche ¿a qué hora puedo usar el rodillo? Prefiero por la tarde. ¡Ah! y cada vez que lo usemos, tenemos que pasarle un trapo con alcohol. El domingo fui detrás de Rubén y estaba lleno de sudor.
- Ahora que hablas de Rubén, se fue ayer por la tarde. Ya sabes que le habían echado del curro y se ha vuelto a Tudela, sin idea de volver. Tenía pagado el trimestre. Ya se lo ha dicho a los caseros. ¿Conoces a alguien que pudiera estar interesado en alquilar su habitación? Antes de que nos metan un desconocido... ¡Ah! y la comida me toca a mí. Lentejas ¿Te mola?
- ¿Se ha ido Rubén? Pues nos hemos quedado sin Netflix.
- ¡Ostras! No me había dado cuenta. Vete tranquila a la cama. Esta mañana, en cuanto tenga un rato, me doy de alta, que estoy viendo La casa de papel y está guay.

Asier, además de ser un chico muy guapo y simpático, uno de esos tímidos encantadores, era un gran cocinero. Hacía unas lentejas de concurso. Se había puesto las gafas, que le daban un aire intelectual. Muy madrugador, se levantaba todos los días a las cinco. Antes del confinamiento, salía a correr o nadar, desayunaba y se iba a clase, siempre en bici. Ingeniero de formación, era profesor de matemáticas en el Instituto Zubiri-Manteo. 

Desde hacía dos semanas, se había montado un gimnasio en el salón, con algunas pesas, una rueda, una barra de halterofilia... Aprovechando unas banquetas de madera, hacía a diario un circuito, en el que empleaba casi hora y media. Vestía un pantalón corto negro de Decathlon y una camiseta gris, en la que se veía y se olía el resultado de ese ejercicio.

Se levantó de la silla y, en vez de ir a la ducha, se cambió de ropa. Se puso la de la víspera, que iba a echar a lavar: un slip, una camiseta, unos calcetines blancos, un vaquero gris, una sudadera roja, unas New Balance azules con el logo gris y una gorra azul marino. Calculó que Bahir tendría una talla menos que él y metió en una mochila los vaqueros más prietos que tenía, una camiseta y una sudadera. 

- Bueno, Andie, digo, Inés, tengo que salir a buscar a un alumno en apuros. Nos vemos en la comida y felices sueños.

Le guiñó un ojo, cargó con la bici escaleras abajo y fue a buscar al chaval.