
¿Dónde vais a encontrar algo mejor?
Hizo la pregunta
deliberadamente en plural, mirando al menos alto y más pasivo de los dos, que
le devolvió una sonrisa que dejaba a la vista una dentadura perfecta. Mientras
tanto, se desembarazó del gañán que la había abordado, quien dio un paso atrás,
colocándose al lado de su amigo, lo que le dio la oportunidad de hacer una
rápida valoración. De cara no había color, pero sus cuerpos no desmerecían el
uno del otro. Desde el verano de 2016, en Ibiza, no se había acostado con
dos tíos y estaba en el portal de su casa con dos a los que podía hacer una
faena discreta, sin orejas, sin rabos, sin música y sin más público que las
plantas del salón. Les calculaba entre 25 y 27 años y por el acento del gañán
no parecían de Pamplona. Apostaría a que eran donostiarras. Quería averiguar
cómo estaban de borrachos y les dio conversación, marcando distancias y
provocándoles a la vez: '¿Os ha comido la
lengua el gato?'
El gañán entró al trapo nada más ver el pico de
la muleta: ‘A ti te comería yo lo que tú quieras’.
- Para, Aitor –le dijo su amigo, el
guapo- ¿No ves que estás hablando con una señora mayor?
- Jajajaja!!!! Mayor y
tortillera –contestó el gañán, mientras la señalaba con el
dedo y guiñaba el ojo a su amigo.

‘Bueno, chicos, esta vieja tortillera se va a dormir’ -les dijo, mientras se acercaba al gañán y le daba un sonoro beso en
cada mejilla. Repitió la jugada con el guapo a quien, de propina, le dio una
palmada en el culo. Se volvió, abrió la puerta del portal y se apresuró a
cerrarla desde dentro, porque intuyó un peligro que se confirmó cuando un pie
se interpuso entre la hoja y el marco de la puerta.
'Deja que te cantemos una nana' -le dijo el guapo mientras el gañán empujaba la puerta con tal violencia que ella se caía de culo dentro del portal.
'Deja que te cantemos una nana' -le dijo el guapo mientras el gañán empujaba la puerta con tal violencia que ella se caía de culo dentro del portal.
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