lunes, 19 de agosto de 2019

Cita a ciegas

‘Llámame a las 10:00, Agustín’ Era el escueto whatsapp que le pudo Mikel a su agente, nada más salir del despacho de Karmele Lizarralde. ¿A qué se refería Agustín con aquello de que ‘Todo el mundo tiene un precio’? No le dio más vueltas. El calendario español solo ofrecía dos posibilidades: el meeting de Madrid del 25 de agosto y el Campeonato de España, el 31 de agosto y el 1 de septiembre. Puestos a soñar, la Diamond League tenía dos citas: el 18 de agosto en Birmingham, había un 800 y un 1.500; y el 24, en Paris, lo mismo. La apetecía muchísimo y, si tuviera el dinero, hasta pagaría por correr en esos templos del atletismo. ¿A eso se refería Agustín?

Repasando el whatsapp, reparó en los que le había puesto Aiora y sintió el amago de una erección. Antes de salir de casa, había metido el libro en la mochila. No lo había abierto en el autobús por no despertar la curiosidad de sus acompañantes y tampoco quería abrirlo en su mesa, por la misma razón: a su alrededor había media docena de personas que podrían sentir la tentación de fisgar si veían un libro con el título de Pacto de Amor.

Aprovechando que Alberto Cortés -anda que no le vacilaban con el nombre- estaba de permiso por su recién estrenada paternidad, cogió la mochila, se metió en su despacho, cerró la puerta y sacó el libro. Alberto era un maratoniano de cuarenta años, ingeniero veterano de CAF y su fan número uno. Tenía varias marcas de maratón entre 2:35 y 2:40 y seguía intentando romper esa barrera de las dos horas y treinta y cinco minutos. Fue él quien le convenció para formar parte de primer equipo de CAF en la Carrera de Empresas, que ganaron con facilidad. La bronca que le echó su entrenador, al verle correr en mayo una carrera popular, no se le había olvidado todavía.

Por aquello de cubrirse, le puso un whatsapp: ‘Aupa, Alberto ¿qué tal la tirada de hoy? ¿te ha dejado dormir la niña? Estoy en tu despacho por una cuestión privada con mi agente. Si alguien me pregunta, le diré que me has pedido que te lleve unos papeles.’

La respuesta llegó de inmediato: ‘Todo tuyo. He dormido como un tronco y salgo a correr ahora mismo antes de que apriete el sol. ¿Corres en Madrid?

‘Luego te cuento. Eskerrik asko!’

Siguiendo las instrucciones de Aiora, se fue a la ficha 47 y leyó: ¿Te acuerdas de la época en la que eras aún virgen? ¿De tu torpeza, tu timidez y todos tus apetitos sin saciar? ¿No te hubiera gustado que alguien experimentado te hubiera iniciado en el placer? Da marcha atrás. Eres un joven torpe, un estudiante que se siente más a gusto en compañía de Kant y de Hegel que de una mujer, quitando a tu madre, por supuesto. Va a pasar la tarde, como de costumbre, en tu habitación, con un libro y escuchando música. Y cuando tu preciosa casera sube a hacerte una visita… no sabes dónde meterte.

La idea de ser seducido por una casera tan atractiva como Aiora le excitó de verdad, pero el efecto desapareció casi de inmediato al recordar el entrenamiento previo, que nada tenía que ver con el sexo. Serían unas series agónicas de 400, 500 y 600 metros, que le dejarían el ácido láctico por las nubes y la libido por los suelos.

En ese estado, le entró la llamada de Agustín, mucho antes de las 10:00. Su reloj marcaba las 8:57.

- ¡Hola! Agustín ¿qué me cuentas?
- Buenos días, Mikel. Perdona que me haya adelantado, pero es un asunto urgente. ¿Puedes hablar?
- Sí, sí, adelante.
- Habría una posibilidad para correr en la Diamond League: Birmingham o Paris. ¿Cómo lo ves?
- ¡Joder Agustín! ¿qué hay que hacer? ¿En qué prueba?
- No corras tanto, chaval. Hay alguien que podría facilitarte la participación y ese alguien quiere hablar contigo cuanto antes.
- Dale mi teléfono y dile que me llame.

Se hizo un breve, pero espeso silencio, tras el que Agustín retomó la conversación.

- No puede ser por teléfono, tiene que ser en persona. Quiere conocerte y hacerte la oferta… que tiene una contrapartida. ¿Recuerdas el whatsapp?

Empezaba a incomodarle el cariz que estaba tomando la conversación. ¿Cuál era el precio? Agustín se movía por dinero. ¿Por qué y para qué tenía que intervenir una tercera persona? ¿A qué tanto misterio? Correr en Birmingham o en Paris era un sueño. No podía esperar más.

- Salgo de trabajar a las tres, estaré en casa a las cuatro y tengo entrenamiento a las seis. Entre las cuatro y las seis ¿dónde quedamos?

- Te llamo enseguida.

Dos minutos después, recibió la llamada de Agustín: ‘En el hotel Astoria a las 16:30. Espera en la zona de recepción. No me falles’ Y colgó.


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