miércoles, 15 de julio de 2020

The wire (III)

No hay dragones, no hay magia, no hay amores fieros, no hay épica, no hay batallas espectaculares, no hay paisajes exóticos. Los coches son corrientes, todo es muy prosaico, el amor apenas se atisba y tiene más de lealtad y fisiología que de pasión, todo es asquerosamente normal, sucio y carente de brillo. No hay buenos y hay algunos malos, muy malos, que sobreviven en medio de la inmundicia y la mediocridad.

Empecé a ver The Wire en mayo y hoy he terminado la quinta y última temporada, después de devorar los 60 capítulos de la serie. Una buena historia no tiene, necesariamente, un buen final. Probablemente, termina mal, como casi todas. No avanzaré el desenlace de esta trama de policías, narcotraficantes, asesinos, contrabandistas, políticos amorales y embaucadores, jueces, abogados y fiscales alejados de la justicia, escuelas peligrosas, periodistas embusteros, personajes marginales y eternos perdedores, incluso cuando hacen todo lo posible por ganar.

Todos tratan de ganar, casi nadie lo consigue y nadie juega limpio. Aunque comenzó a emitirse en 2002 y terminó en 2008, lo que nos cuentan y cómo lo cuentan tiene plena actualidad, si salvamos que los smart phones han sustituido a los buscas (los más jóvenes quizá ni sepan lo que eran aquellos aparatos). Los delincuentes siempre van por delante de la ley, que protege a los más poderosos. Los políticos mienten y manipulan, lo mismo que la prensa. Como la vida misma.

En medio, hay algunos tipos brillantes, ingeniosos y hasta idealistas que quieren cambiar y están comprometidos con algo parecido a la verdad. Unos aguantan más y otros aguantan menos, pero todos terminan cayendo, o rindiéndose, o cómplices del sistema, o voluntariamente alejados de él, viviendo en la burbuja de una vida personal sobre la que construyen una muralla imaginaria.

Así me empiezo a sentir yo en esta absurda sociedad de miedo y mascarillas a la que nos quieren conducir políticos que, probablemente, sean muy parecidos a los que vemos en The Wire

Ahora que el autoconfinamiento es una opción, The Wire es una gran elección para aprovechar el tiempo, en vez de ver por la calle zombis con mascarilla; y disfrutar de la que tiene justa fama de ser una de las mejores series de televisión de todos los tiempos. 

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