sábado, 1 de septiembre de 2018

13 de julio. ¿Hay algo más que me quieras contar?

Volvemos con Ane y su padre donde los dejamos el 13 de julio

Miguel García Bengoechea escuchó el relato de su hija sin interrumpirla, mirándole fijamente a los ojos, mientras, sentado enfrente de ella, le acariciaba las manos y la cara, atrapando alguna lágrima que se deslizaba por el rostro de porcelana de Ane. Se enteró de que su novio, Aitor, ese chico que nunca le había gustado, había salido en la tele, esposado entre varios policías forales, que estaba acusado de violación, que su amigo Iker la había evitado, que quería irse a Pamplona de inmediato para escuchar a Aitor y para saber la verdad.

Recordó una frase que le solía decir Ángel Echenique, el veterano oficial de la notaría de Elizondo, su primer destino, que, en vez de a un superior le trataba como a un hijo, y terminó siendo su suegro: ‘A ti, Miguel, te traiciona el gesto’. Y se esforzó en mantenerse todo lo impasible que era capaz, en sofocar el ataque de ira que le estaba invadiendo y en contener las lágrimas que también a él le querían inundar. Debajo de la imagen de persona prudente y sosegada que transmitía, que le había conferido prestigio y reconocimiento profesional y social, además del aprecio de las personas de su entorno familiar y personal, bullía en él un carácter colérico e irascible, que muy pocos habían sufrido en alguna ocasión. Ane, una chica maravillosa, siempre le recordaba –y él nunca podría olvidar- la bofetada que le dio, la única, cuando tenía ocho o nueve años, y pilló una casqueta a la puerta del ascensor.

Ane levantó la vista y su padre, súbitamente asustado, retiró la mano que apresaba la mano de su hija hasta hacerle daño. Respiró profundamente, contó hasta diez, volvió a coger la mano, moduló la voz y le preguntó: ‘Hay algo más que me quieras contar? Ane negó con la cabeza, bajó la vista, y se dispuso a escuchar la charla de su padre. Sabía que la réplica sería asertiva, razonada, prudente y casi profesional. Así era el aita.

- Eskerrik asko! Ane. Agradezco tu sinceridad y tu anticipación. No me hubiera gustado enterarme por terceras personas o por la prensa, nunca mejor dicho. –Y esbozó una sonrisa- Te agradezco también que me lo hayas contado a mí, antes que a tu madre, que está esperando tu llamada. Al salir de casa, me ha dicho que le llames tú, que cuando ella te llama, nunca le coges. -Y volvió a sonreír, esta vez con la complicidad de su hija- Aguanta el chaparrón como puedas. A mí me llamará en cuanto termine contigo y ya me estoy poniendo la armadura. No sé en qué medida es verdad eso tan horrible de lo que se le acusa a Aitor. Ya sabes que ese chico no nos gusta, nunca nos ha gustado, pero tampoco soy capaz de imaginármelo como un violador. Creo que, pase lo que pase, él te debe una explicación y tiene que ser él quien te la dé, quien quiera dártela, y no tú quien se le suplique o se la reclame. No es buena idea que, en estos momentos, te vayas a Pamplona y te expongas. Ahora es el momento de su familia, de sus padres; y también de sus abogados. Y aunque seas una abogada incipiente, que no se te pase por la cabeza defenderle. No podrías hacerlo con la objetividad, la frialdad y la profesionalidad necesarias. Ya sé que eres mayor de edad y que puedes disponer de tu libertad de obrar, pero, insisto, no es buena idea. Tampoco es buena idea que te quedes aquí, en la tienda, a la vista y al alcance de tus amigas, de los amigos de Aitor y de todos aquellos que conocen vuestra relación. Por muy cosmopolitas que os creáis los ‘ñoñostiarras’ –Y afloró otra vez la sonrisa, esta vez más irónica, del bermeano que pensaba que muchos de sus vecinos ‘meaban colonia’- vivimos en un puto pueblo y la noticia ya estará circulando. Aitor es un deportista bastante conocido, su nombre sale esporádicamente en la prensa; aunque lo quieran proteger, nadie lo va a conseguir. Y luego están las redes sociales, en las que habrá fotos vuestras y no quiero ni saber ni pensar qué fotos y qué comentarios. Habla con Sandra y pídele, desde ya, una semana de vacaciones, prorrogables. Seguro que no te pone ninguna pega. De momento, le llamas a tu madre, después, apagas el teléfono y te vienes conmigo a la Notaría, conoces a mi amigo Gabino, me ayudas a capear el temporal que me va a caer con Patricia, volvemos a casa y hacemos terapia de grupo, que buena falta nos va a hacer. ¡Ah! Y dile a tu hermano que esté en casa a las seis, sin falta. A ti te hará caso.

Tuvo el impulso de replicar, pero se quedó muda. Cogió el teléfono, que estaba en silencio, y vio que tenía dos docenas de whatsapps. Buscó el de Sandra, que era una sucesión de emoticonos con besos y le contestó: ‘Olvídate de lo que hemos hablado, Sandra. Me cojo desde ya una semana de vacaciones. Te llamaré a la noche. Eskerrik asko!’. También había tres whatsapps de su hermano pequeño: ‘¿Sabes lo de Aitor?’ ‘q hp!!!’ ‘H'estau nadando a la mañana con Iker y no m'a dicho nada’. El cotilla de su hermano en estado puro: ‘Te espero en casa a las seis, enano. Y más te vale que llegues puntual’ ‘Hasta entonces cierra la p… boca’. Y añadió cuatro emoticonos con otros tantos amenazantes puños. La respuesta fue inmediata: primero un emoticono, de una mano levantando el pulgar, y luego otro, levantando el dedo corazón.

Se levantó, cogió a su padre por el brazo, le dio dos besos y con la mejor de sus sonrisas, le dijo: ‘Estoy de vacaciones y ya he avisado a Iñaki. Vamos a la notaría a saludar a ese amigo tuyo tan pesado, aitatxo’.


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