martes, 8 de diciembre de 2020

Iván Fernández Anaya

No es la primera vez que sucede y ayer volví a equivocarme, por omisión, al olvidar a Iván Fernández cuando mencioné a los atletas vascos que compitieron el domingo en el maratón de Valencia.

Gracias a que me lo recordaron, primero Ibon Esparza y luego Félix Sánchez Arrazola, quiero disculparme en este post con un atleta que se ganó el corazón de todos los que creemos en el fair play cuando, el 2 de diciembre de 2012, en vez de aprovecharse del error de Abel Mutai para ganar el cross de Burlada, se emparejó, le esperó y entró detrás de él en la meta. 

Un atleta que esa calidad humana une la deportiva, como lo acreditan sus marcas:











Con la mínima olímpica (2:11:30) conseguida en Sevilla el pasado 23 de febrero: 2:09:55, corría en Valencia su octavo maratón para ganarse una de las tres plazas que tendrá España en los JJ OO de Tokyo.

Pasó la media maratón en 1:04:49 y el kilómetro 30 en 1:32:18, lo que proyectaba una marca por debajo de 2h:10', que sería marca personal. A partir de ahí, las tripas le jugaron una mala pasada y terminó en 2:11:35, que es su segunda mejor marca, como vemos en el siguiente cuadro:












A sus 32 años, es una atleta que puede seguir progresando y que cuenta con una muy buena base en la pista y el cross. Parece casi imposible que pueda estar en Tokyo, pero tiene tres años y seguro que alguna oportunidad para llegar a Paris en 2021. Me encantaría que lo consiguiera y que le pudiéramos recordar por algo más que por aquel gran gesto deportivo.

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