


Cumpliría 55 años el 4 de abril y seguía soltero. Había tenido varias parejas y con alguna de ellas había llegado a convivir, pero había desistido de compartir el espacio con nadie que no fuera su sombra. Desde hacía diez años, mantenía una relación con Julia, una exiliada, como él, de padre albanés, psicóloga, que había tenido su momento de gloria en un reality show de televisión, allá por 2010, que fue cuando la conoció. Julia no era de los concursantes, sino que les ofrecía apoyo y tratamiento profesional. Se veían casi a diario, se acostaban regularmente, iban juntos de vacaciones, casi siempre navegando, solos o en compañía de otros amigos.
A la muerte de su madre, Jon, el cuarto de sus hijos, el segundo varón, y el único que no le le había dado ningún nieto, se quedó con el velero, que valoraron en 200.000 €, y con distintos activos: acciones, depósitos, fondos de inversión... valorados en casi dos millones de euros. La liquidación de la herencia fue un proceso largo, que concluyó en diciembre de 2019, momento en el que tomó la decisión de dejar la empresa y dedicarse a navegar.
Lo habló con Julia y también con sus jefes, que le rogaron que se lo pensara y les diera tiempo para buscar un relevo. Jon no tenía prisa y se planteaba dejar la empresa en el horizonte de un año, pero la crisis del coronavirus precipitó los acontecimientos.
Por su posición y responsabilidades en la compañía de seguros, Jon tenía información sobre la gravedad de la pandemia y ya a finales de enero, cuando nadie se lo planteaba -y menos los políticos- estaban dibujando distintos escenarios, que contemplaban alternativas como el confinamiento total, siguiendo el modelo chino.
Jon lo tuvo claro. Vendió el viejo barco de su abuelo, una joya, por el que le dieron más de quinientos mil euros, con los que compró un moderno velero, con bandera inglesa, que llegó al puerto de Lekeitio, con toda la documentación en regla, el 7 de marzo.

El 14 de marzo, justo un año después del fallecimiento de su madre, cogió un taxi, y fue a visitarla en el cementerio de Lekeitio, tras lo cual, Julia y él embarcaron en el Gezi, con agua y provisiones para tres meses y se hicieron a la mar.
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