viernes, 15 de mayo de 2020

De la distopía a la utotía

Dice la Wikipedia que una distopía o antiutopía es una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Suele ser sinónimo de mal lugar y es un antónimo de utopía, un término que fue acuñado por santo Tomás Moro y figura como el título de su obra más conocida, publicada en 1516, un modelo para una sociedad ideal con niveles mínimos de crimen, violencia y pobreza.

La Real Academia Española, más sobria, la define como 'Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.

Y para la R.A.E. las dos acepciones de utopía son: (1) Plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización y (2) Representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedores del bien humano.
Desde el 14 de marzo, cuando el Gobierno de España decretó el estado de alarma, vivimos en una distopía, con un grave recorte de nuestras libertades y un modelo social y de comportamiento claramente indeseables, al menos a mi modo de ver. Sobre esto me vengo extendiendo desde hace dos meses.
Parece que vamos a seguir al menos un mes más en este estado de cosas, aunque bien es verdad que del confinamiento salvaje de las primeras semanas hemos pasado a una situación menos severa, aunque lejos del modo de vida que nos gustaría practicar, al menos a mí.
El ser humano se acostumbra a vivir en su zona de confort y le cuesta salir de ella. Muchos añoran la normalidad anterior al 14 de marzo, mientras que apuesto a que algunos se están acostumbrando a la nueva normalidad que les ha traído el estado de alarma y el miedo a la pandemia.
Desde las instancias del poder, entendido en sentido amplio, nos empiezan a conducir a lo que han llamado nueva normalidad, que nadie sabe muy bien en qué consiste y que, al menos a mí, me produce una profunda desazón cuando no un comprensible recelo.
Así que le ha dado unas vueltas a cómo me gustaría que fuera mi nueva normalidad, asumiendo que cumpliré 65 años en noviembre y que tendría que ser realista en el planteamiento de mis utopías, aun cuando Gabriel García Márquez dijera aquello de que: ‘Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra.

No voy a hablar de grandes avances sociales o políticos y me conformaré con cuestiones más mundanas, empezando por el planeta en el que vivimos.

Espero que la nueva normalidad nos haga tomar conciencia de la importancia de respetar el medio ambiente. No sé cuántos vuelos de avión puede soportar al día el planeta, cuánta gasolina se puede quemar, cuánta agua se puede malgastar, cuántos árboles se pueden talar, cuántos animales se pueden sacrificar y un largo etcétera de excesos que estamos cometiendo, sin que se ponga en peligro la sostenibilidad de la vida en la Tierra. De la misma manera que estamos atendiendo las recomendaciones de los científicos en esto de la pandemia, atendamos lo que nos dicen sobre algo mucho más serio; aunque no tengan toda la verdad y aunque no haya un mapa que los guíe.

Espero que la nueva normalidad nos traiga la erradicación del capitalismo salvaje en que vivimos y que volvamos a resetear desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unida el 10 de diciembre de 1948, cuyo artículo primero dice así: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Espero que la nueva normalidad rechace que un futbolista o cualquier otro profesional, por bueno que sea, gane en un día lo que un trabajador gana en un año. Ahora mismo, hay personas que en un día ganan lo que un trabajador no llegará a ganar en toda su vida.

Espero que la nueva normalidad nos ofrezca la posibilidad de vivir una vida digna de tal nombre, con pleno uso de nuestra razón y nuestra conciencia, sin prolongarla más allá de lo que la naturaleza lo permitiría sin artificios.

Espero disponer de los recursos materiales necesarios para vivir los años que me quedan, sin excesos innecesarios y disfrutando de lo mejor de la vida, que casi siempre es gratis.

De la misma manera que para ejercer determinadas profesiones: médico, ingeniero, abogado, arquitecto… es necesario acreditar una formación y unos conocimientos reglados, espero que en la nueva normalidad los dirigentes políticos tengan que acreditar la solvencia necesaria para ejercer como tales. No puede ser que, como pasa con la mayoría de la clase política, todos ellos estén mamando de las ubres del Estado casi desde su más tierna infancia, sin contacto con la vida real. No puede dirigir un país, una comunidad autónoma o un ayuntamiento quien no ha dirigido con éxito una empresa, ha gestionado eficazmente un presupuesto, ha pagado puntualmente unas nóminas, ha negociado con clientes y proveedores y ha resuelto situaciones complejas en el día a día.

Podría seguir sabiendo, o teniendo la certeza, como dijera Eduardo Galeano: ‘La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

jueves, 14 de mayo de 2020

The Wire

Se estrenó en 2002, cuando mi hijo tenía 10 años, y es él quien lleva años recomendándomela. Mucho antes, quizá hacia 2007-2008, me la recomendó un compañero de trabajo. Visto con perspectiva, el proyecto que me encargaron entonces y el equipo que me asignaron tenía muchas similitudes con el trabajo/proyecto que le encargan al teniente Daniels, de Narcóticos, y el equipo que le asignan.

Creo que es en el segundo episodio cuando la mujer de Daniels, mientras cenan, le pide que deje el caso, porque si sale mal, se la carga; y si sale bien, también. Es llevar la contraria a esa cita que utilizamos tantas veces para darnos el coraje de pasar a la acción: ‘Si lo intentas puedes perder, si no lo intentas estás perdido’.

Y qué decir del equipo, formado por policías repudiados de otros Departamentos, a cuál más conflictivo y menos motivado. Lejos de pensar en proteger y servir a los ciudadanos, hasta el mejor policía de ese equipo puede parecer manifiestamente incompetente, vago, violento, vanidoso, frustrado, alcohólico… y supongo que según avance la serie también saldrán policías corruptos. No hay superhéroes sino hombres y mujeres de carne y hueso, con sus debilidades, sus vicios, su egoísmo, su ambición…

Y los ‘malos’, los criminales, aparecen atrapados en una existencia miserable, capaces de cometer las acciones más execrables, a la vez que muestran su perfil más humano y solidario con los suyos.

Tanto en los policías como en los criminales podemos ver distintos modelos de liderazgo, de trabajo en equipo, de desarrollo de relaciones, de orientación al logro, pensamiento analítico y conceptual, de integridad, de persuasión, de iniciativa, de comprensión de las relaciones políticas y jerárquicas en las organizaciones.

Como me ha sucedido a mí en mi vida profesional, viendo la serie podemos afirmar que no hay empleados intrínsecamente malos, sino jefes que no son capaces de sacar lo mejor de ellos, porque todos tenemos algo en lo que somos buenos. 

Yo recuerdo con gran satisfacción aquel grupo inconexo y heterogéneo; y aquel proyecto, que nació con los peores auspicios. Terminamos formando un equipo, un gran equipo y estaré eternamente agradecido al gran trabajo que hicieron todos para que, contra todo pronóstico, terminara tan bien que consiguió que, tras su cierre y disolución, cada uno se reubicara en una función mucho mejor de la que tenía antes, alguno lideró sus propios equipos, y yo me convertí, desde entonces hasta mi jubilación, en un especialista en resolver ‘marrones’. No siempre con tanto acierto ni con tan buen equipo.

Volviendo a The Wire, he visto seis capítulos en tres días. Me quedan 54 y me da que seguiremos hablando de ellos.

Eskerrik asko! Kote y eskerrik asko! Iñigo por la recomendación.

miércoles, 13 de mayo de 2020

La comunicación en tiempos de pandemia

Estos no son sólo tiempos de pandemia. Además, nos hemos metido en un bache de actividad económica, que afecta a sectores estratégicos, como el turismo, que a corto y medio plazo nos van a pasar una factura que no sé de qué manera vamos a poder asumir. Y estamos entrando en una dinámica social en la que el miedo juega un papel determinante y nada alentador

Es una situación de pronóstico incierto. Nadie sabe cuándo tendremos una vacuna eficaz. Nadie sabe cómo puede evolucionar el virus. No se puede afirmar con rotundidad, aunque hay indicios que apuntalan esa hipótesis, que el verano y las altas temperaturas jugarán en contra del Covid19. Tampoco sabemos con certeza si el otoño y el invierno, con la caída de las temperaturas y la irrupción de las gripes, pueden traernos un rebrote de contagiados y una escalada de muertos. 

En estas circunstancias, la comunicación es una herramienta fundamental para gestionar esta estado de cosas y ganar la adhesión de los ciudadanos a las medidas que se vayan tomando; medidas que pueden variar y que pueden ser tachadas de incoherentes. Todos sabemos que el confinamiento por tiempo indefinido es insostenible. Los pasos que vayamos dando en la llamada desescalada no siempre serán hacia adelante y, en algún momento, tendremos que dar algún paso atrás. Como cuando uno baja de una montaña y descubre que ha tomado un mal camino, teniendo que volver a subir y encontrar el correcto.

En mi trayectoria profesional he podido constatar la importancia de la comunicación. A mi modo de ver, tiene que ser clara, honesta, humilde, sencilla y directa. Eso es relativamente fácil cuando tenemos que comunicar algo concreto, que afecta a un colectivo determinado y cuyas consecuencias podemos estimar con precisión. 

La comunicación es mucho más que comparecer ante la prensa o ante tu equipo y abarca cuestiones como la imagen, el lenguaje corporal y la gestión de las reuniones. Algún día igual me animo a hablar de esta cuestión, la gestión de las reuniones, una de las claves de la eficacia de un buen gestor. Simplemente como idea, os diré que una buena reunión tiene un 40% de preparación, un 20% de actuación (el tiempo que estamos reunidos) y un 40% de ejecución, que es la puesta en marcha de los acuerdos alcanzados.

Comunicar en tiempos de pandemia, crisis económica y social, es mucho más complejo y, por lo tanto, debe estar mucho mejor preparado. Cuando nos dirigimos a millones de personas, con características e intereses dispares y hasta enfrentados, debemos esforzarnos por emitir un mensaje que llegue a todos por igual, que no se preste a múltiples interpretaciones y que despierte el interés de los ciudadanos. 

Todos sabemos que todos los políticos y todos los grandes empresarios tienen sus gabinetes de comunicación, compuestos por personas que saben mucho más que yo de esas cuestiones. Y sin embargo, son muy pocos los que comunican bien. 

A mi modo de ver, las comparecencias semanales del Presidente del Gobierno son tediosas, monocordes, carentes de emoción y plagadas de detalles menores, cuya gestión y comunicación estaría mucho mejor en boca de los técnicos en las distintas materias. Si nos vamos a la Oposición, su recurso a la necrofilia, sus excesos verbales, sus apelaciones a medidas imposibles y lugares comunes y hasta su imagen personal, hablan en contra de lo que predican.

Siempre a mi modo de ver, el político que mejor comunica es Pablo Iglesias, al que, siempre en mi opinión, la de un tipo de 64 años, que forma parte de lo que un buen amigo define como 'sociedad instalada', poco le ayudan su imagen personal, su ¿aparente? seriedad -¡qué difícil parece que debe ser arrancarle una sonrisa!- y la desconfianza que me inspira la forma de gestionar su propio partido. 

Aitor Esteban, el portavoz del PNV en el Congreso, es, para mí, un gran comunicador. Habla claro, es correcto en las formas y sabe hacer un uso adecuado y oportuno de la ironía y el humor. No hay muchos como él. En su propio partido el lehendakari Iñigo Urkullu transmite una imagen de hombre tranquilo. Hay una frase de El Quijote que se le podría aplicar: 'El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.' Creo que muchos de nosotros estaríamos tranquilos si es él quien gestiona nuestro patrimonio o nuestra herencia. Lo que pasa es que lo que hay que gestionar ahora es la enfermedad, la depresión económica y la fractura social.  

Fuera de los políticos -y sé que lo que diré a continuación será compartido por unos y denostado por otros, casi sin zonas grises- el mayor acierto en la política de comunicación del Gobierno de España ha sido dar protagonismo a Fernando Simón, director, desde 2012, es decir, gobernando Mariano Rajoy, del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Le hemos visto desde el comienzo de la crisis y todos podemos buscarle algún gazapo, algún error, algún desmentido, varias rectificaciones. En el haber, yo pondría que habla claro, contesta a lo que le preguntan y lo hace con humildad. Su falta de afectación y su imagen me resultan agradables. Y lo que es más importante, cuando él habla, yo le creo.

Son tiempos en los que la comunicación necesita de líderes como Churchill que se atrevan a decir aquello de 'sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor', aunque les cueste perder las elecciones.

Mucho se viene hablando de que los países que mejor están gestionando las crisis están dirigidos por mujeres, algunas tan jóvenes como las que presiden Nueva Zelanda o Finlandia, o tan veteranas y ya casi amortizadas, como Angela Merkel, que goza del 62% de popularidad entre los alemanes, cifra insólita en cualquier dirigente político.

Quizá tenga que ver en ello que las mujeres, en general, han sido el sexo débil (en términos de fuerza física) y han tenido que poner en práctica otros recursos más blandos, como el lenguaje, la seducción y la intuición. 

Por eso, volviendo a Fernando Simón, así empieza un artículo publicado en eldiaro.es -un periódico digital que os recomiendo- el pasado lunes y titulado  Fernando Simón y la nueva masculinidad: 'Fernando Simón se ha convertido en el tipo amable que se cuela en casa cada día para hablarnos de la pandemia. El experto es un fenómeno fan pandémico del que se hacen memes, chistes y canciones. Claridad, calidez, cercanía, calma, mesura. Puede que Fernando Simón se esté convirtiendo en un icono de la nueva masculinidad o, más bien, en la prueba de que la masculinidad puede expresarse de otra manera.'

martes, 12 de mayo de 2020

Así no

Hace seis o siete semanas, policías de todo tipo y condición -cumpliendo las instrucciones recibidas- perseguían con saña a personas cuyo único delito era correr por playas desiertas, aceras despobladas o senderos inhóspitos, mientras eran jaleados por policías de balcón que increpaban a los runners. Las imágenes eran convenientemente difundidas por las televisiones para inocular el virus del miedo en la conciencia de los ciudadanos.

Los vilipendiados runners llevamos once días con dos ventanas que nos abren, de 6:00 a 10:00 y de 20:00 a 23:00 horas para que podamos salir a correr. En estos once días no han faltado las críticas sobre distancias que no se respetan, grupos que se forman, molestias a los peatones y paseantes y un largo etcétera en el que no faltan quienes se quejan porque no nos ponemos la mascarilla para correr.

Ayer era el primer día en el que se podían abrir bares y restaurantes con terrazas y otros establecimientos comerciales de menos de 400 metros cuadrados. El día, lluvioso, ventoso y tirando a frío no ayudaba a sentarse en una terraza y por lo que he oído en la radio, sólo abrió un diez por ciento de esos bares y restaurantes.

Cuando fui a hacer la compra al mercado de San Martín, el bar que está en la galería tenía todas sus mesas a tope. Obviamente, estar a cubierto favorecía ese lleno. Poco después de las diez, estaba de vuelta en casa, de donde, como he hecho desde que empezó el confinamiento, no volví a salir hasta esta mañana a las 6:03, que he ido a correr. ¿Ventajas? de estar jubilado.

Pensaba que el clima inclemente alejaría a los parroquianos de las terrazas, pero a lo largo de la tarde y la noche de ayer fui recibiendo noticias, una detrás de otra, acompañadas de fotos, nada trucadas, en las que se apreciaba que se estaban incumpliendo, hasta con exceso, todas  las recomendaciones relativas a la higiene, distancia de seguridad y grupos de personas. A falta de terrazas, buenos son los aterpes, toldos, sombrillas, galerías, soportales y cobertizos, abarrotados de personas, sentadas y de pie.

Atónito, observaba cómo el riesgo de contagio se multiplicaba entre hombres y mujeres que ni forman parte de una unidad familiar, ni trabajan juntos, ni tienen una relación en la que resulte sencillo, a posteriori, hacer alguna trazabilidad si alguno de ellos resulta infectado por el Covid19.

A cambio, yo sigo sin ver a mi hijo, que está en Tolosa, y para ver a mi hija tengo que quedar a correr con ella, a las 6:45, separados por más de veinte metros. Tendremos que quedar en un bar para estar más cerca y poder charlar sin incumplir las normas que nos han impuesto.

Y tampoco puedo ir a las pistas de Anoeta, donde, en más de diez mil metros cuadrados, apenas voy a coincidir con una docena de personas.

Creo que es bueno que vayamos transitando a la normalidad, que las empresas industriales produzcan, que las de servicios se entreguen a sus clientes, que los comercios puedan vender sus mercancías y el género que tienen expuesto y el que no, que podamos degustar un buen café en un bar o disfrutar de una sabrosa comida en un restaurante. Creo que es bueno que los alumnos vuelvan a las aulas y los profesores a las clases presenciales. 

Creo que en las próximas semanas y en los próximos meses el escenario y las normas serán dinámicos y cambiantes y que debemos asumir funcionar con la táctica de la prueba y error y la estrategia de coexistir con el Covid19 sin que lleguemos a colapsar, otra vez, el sistema sanitario. Creo que médicos, enfermeras, auxiliares, personal de limpieza, etc. están al límite de su capacidad física y mental, sin medios y sin la más mínima certeza sobre lo que les puede y nos puede deparar el futuro.

Decía ayer que en Gipuzkoa vivimos 713.000 personas, aproximadamente. Estoy seguro de que más de setecientas mil cumplimos con las medidas de higiene, distancia física y protección que nos han recomendado las instancias sanitarias, que son las que debemos atender, por encima de las consignas políticas. Pero qué daño nos pueden hacer esos pocos cientos o miles que ayer se pusieron y nos pusieron en riesgo.

Por eso fundamental que la vuelta a la normalidad, o la nueva normalidad, la hagamos con civismo, con respeto y con responsabilidad. A los del terraceo-poteo de ayer sólo les diría: Así no. 

lunes, 11 de mayo de 2020

Euskadi en la Fase 1

Mucho se viene hablando desde que el Gobierno Vasco, en uso de sus facultades, ha propuesto/impuesto una aplicación más restrictiva de la Fase 1 del confinamiento que la que van a aplicar las autonomías y provincias que acceden a esa Fase 1, en lo relativo a la movilidad.

Mucho se viene hablando también de que Bizkaia está en una peor situación que provincias que se han quedado fuera de esa fase 1, como, por ejemplo, Granada.

No tengo criterio para apoyar o no esas conjeturas. Lo que tengo son los datos que diariamente podemos leer en la prensa de la evolución de los casos positivos detectados y de los fallecidos. Esos datos, en número absolutos, dibujan una foto muy favorable a Gipuzkoa, comparada con Bizkaia y Araba. Pero hagamos un análisis más fino.

Con esos datos, me quedo con la evolución del 7 de abril al 9 de mayo, una secuencia de 33 días, que se resumiría así:

Fecha
Gipuzkoa
Bizkaia
Araba
7/4
28
114
69
8/4
118
251
62
9/4
78
214
62
10/4
47
210
40
11/4
71
259
82
12/4
81
147
29
13/4
96
135
15
14/4
35
152
21
15/4
75
154
20
16/4
69
203
43
17/4
36
225
38
18/4
27
201
38
19/4
35
142
37
20/4
14
35
10
21/4
19
110
53
22/4
31
173
30
23/4
43
305
44
24/4
64
195
85
25/4
57
197
98
26/4
40
104
39
27/4
3
60
34
28/4
3
60
34
29/4
38
196
100
30/4
46
137
98
1/5
46
141
162
2/5
13
95
43
3/5
4
53
21
4/5
2
8
29
5/5
9
100
71
6/5
34
110
109
7/5
31
166
83
8/5
99
187
41
9/5
36
48
83
1428
4887
1823

Ahora bien, si consideramos la población de las tres provincias: 713.000 Gipuzkoa, 1.114.000 Bizkaia y 328.000 Araba; y hacemos el cálculo diario por 100.000 habitantes, la cosa cambia bastante, especialmente en la comparación entre Bizkaia y Araba:

Fecha
Gipuzkoa
Bizkaia
Araba
7/4
3,93
10,23
21,04
8/4
16,55
22,53
18,90
9/4
10,94
19,21
18,90
10/4
6,59
18,85
12,20
11/4
9,96
23,25
25,00
12/4
11,36
13,20
8,84
13/4
13,46
12,12
4,57
14/4
4,91
13,64
6,40
15/4
10,52
13,82
6,10
16/4
9,68
18,22
13,11
17/4
5,05
20,20
11,59
18/4
3,79
18,04
11,59
19/4
4,91
12,75
11,28
20/4
1,96
3,14
3,05
21/4
2,66
9,87
16,16
22/4
4,35
15,53
9,15
23/4
6,03
27,38
13,41
24/4
8,98
17,50
25,91
25/4
7,99
17,68
29,88
26/4
5,61
9,34
11,89
27/4
0,42
5,39
10,37
28/4
0,42
5,39
10,37
29/4
5,33
17,59
30,49
30/4
6,45
12,30
29,88
1/5
6,45
12,66
49,39
2/5
1,82
8,53
13,11
3/5
0,56
4,76
6,40
4/5
0,28
0,72
8,84
5/5
1,26
8,98
21,65
6/5
4,77
9,87
33,23
7/5
4,35
14,90
25,30
8/5
13,88
16,79
12,50
9/5
5,05
4,31
25,30
Media
6,07
13,29
16,84

Gipuzkoa registra, durante los últimos 33 días, una media de 6 casos positivos por 100.000 habitantes, Bizkaia casi 10 y Araba casi 17.

Gráficamente quedaría así:



Si nos fijamos en los muertos y hacemos el mismo ejercicio, considerando esta vez todos los contabilizados y no los de los últimos 33 días, éstos son los datos:

Provincia
Muertos por 100.000 habitantes
Gipuzkoa
38,71
Bizkaia
69,84
Araba
106,40

Y ésta sería su representación gráfica:















Sí, ya sé que se han considerado más indicadores, que seguramente dan mucha más información y una imagen más enfocada de la capacidad de la Comunidad Autónoma Vasca y de sus tres Territorios Históricos.

Con estos datos de casos detectados y muertos, resulta difícil entender que en la Fase 1 se apliquen idénticas medidas en Gipuzkoa que las que se aplican en Bizkaia y Araba.

Yo siento especialmente no poder ver a mi hijo, que está en Tolosa, con su novia, aunque parece ser que, tal como ha dicho a la mañana la Consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, sí están permitidas las visitas a familiares mayores sin restric-ciones en toda la CAV, "pero no organizar fiestas con ellos".

No necesito ninguna fiesta. Me basta con verle y charlar con él cara a cara, después de casi dos meses, en vez de hacerlo por las vídeo-llamadas de whatsapp.

También diré que, llegados a este punto, prefiero pecar de prudente. Estoy de acuerdo con Fernando Simón en que esto no es la Liga de fútbol ni una carrera de coches. Además de ver a mis hijos, me apetece mucho volver a Anoeta, pero podré esperar un par de semanas más.

Mientras tanto, es importante que sigamos teniendo un comportamiento cívico y responsable. Olvidemos el espíritu de emulación y tratemos de seguir siendo los mejores, los más responsables, al menos en la CAV.

Como he leído esta mañana a una enfermera:

‘De lo que no se da cuenta la gente es que los sanitarios estamos agotados, extenuados y muy tristes por haber despedido a amigos que lo único que han hecho es cuidar de los demás. El ánimo está bajo y viendo las imágenes, más todavía.

El otro día leí un símil de la desescalada con las desescaladas de los montañeros en las que se hablaba del mayor riesgo de accidentes por cansancio y ganas de llegar al final. Si alguna vez habéis bajado una montaña, esa es la sensación que tenemos, pero con la incertidumbre de no saber si lo que nos espera en el campo base es otra subida.

Vamos juntos en esta tormenta. Cuidemos a los que nos cuidan. Porque si volvemos a la casilla de salida iguala te tiene que salvar la vida un futbolista.’