El estado de alarma decretado por el Gobierno de España el pasado 14 de marzo, ha facultado a políticos de todo signo para tomar decisiones, en algunos casos urgentes y necesarias y, en otros casos arbitrarias y disparatadas.
Inspirándose en sus colegas de la Comunidad de Madrid –quién lo diría- y tratando de emular el hospital de campaña que montaron en Ifema, la alcaldesa de Sabadell, de manera unilateral, decidió desmontar la pista de atletismo, por las bravas, sin contar con los técnicos que hicieron la instalación, una instalación moderna y modélica, inaugurada en 2010, financiada por la Diputación de Barcelona, la Generalitat de Catalunya, el Consejo Superior de Deportes y el Ayuntamiento de Sabadell, sede de múltiples Campeonatos del máximo nivel estatal y autonómico.
Cuando digo por las bravas me refiero a la utilización de herramientas y medios agresivos, como radiales, que arrasan con un material tan delicado como el de una pista cubierta de atletismo, con sus curvas, sus peraltes y la superficie técnica.
Dicen que semejante obra, para la que, según la prensa, fueron necesarios diez días, tuvo un coste de 175.000 €, sufragados por el Ayuntamiento de Sabadell.
Casi dos meses después, nos encontramos con una instalación vacía, que nunca se usó y con un espacio yermo, donde antes estaba una de las mejores pistas cubiertas de atletismo de España.
Así termina una carta dirigida a la alcaldesa de Sabadell, escrita por el vicepresidente de la Federación Catalana de Atletismo, que he traducido libremente del catalán: ‘… La próxima vez, alcaldesa, no sea tan impetuosa. En esto de correr y posiblemente en la política, no siempre el que comienza más deprisa gana; y mucho menos si lo hace corriendo por encima de sus posibilidades.’
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