sábado, 16 de mayo de 2020

Ya que estamos de paso, dejemos huellas bonitas

'Ya que estamos de paso, dejemos huellas bonitas.' Lo escribió ayer en Facebook Arantxa Zapata comentando el post De la distopía a la utopía. Es una frase fantástica en la que nunca había reparado y que, no sé si consciente o inconscientemente, guía mi comportamiento. O así me gustaría que fuera.

Lo que yo defino como mi misión personal, comienza diciendo: Soy un corredor de fondo, convencido de que el trabajo duro es divertido, si te sabes reír de ti mismo, te rodeas de personas inteligentes y evitas a los que se quejan por todo. 

Llevo mal a los que se quejan por todo sin aportar soluciones... aunque hay momentos en los que se me olvida -y es posible que la declaración del estado de alarma el pasado 14 de marzo, justo el mismo día que murió mi madre- haya sacado lo peor de mí mismo, por el trato abusivo y vejatorio al que me vi sometido por el confinamiento salvaje decretado por el Gobierno de España.

La  vida me ha ido enseñando que no tiene sentido luchar contra aquello que no está en nuestra mano solucionar, contra la realidad, contra la naturaleza y que lo único que conseguimos así es sufrir nosotros y causar sufrimiento a los demás. ¡Ojo! no digo que no debamos rebelarnos contra los abusos, contra la injusticia, contra la arbitrariedad, contra el atropello o contra la sinrazón. 

Quiero decir, utilizando un ejemplo muy simple y mundano, que si sólo tengo una hora para salir a correr porque mi agenda o mis compromisos me tienen pillado, tiene que ser a las seis de la mañana y en ese momento está cayendo el diluvio universal, de nada me vale quejarme. Tengo dos alternativas: salir a correr y mojarme; o quedarme en casa sin poder correr. No, digo mal, sin querer correr, porque poder, puedo. 

'Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.' (Viktor Frankl)

En mi etapa profesional, en los equipos y proyectos que me ha tocado liderar, he aplicado esta máxima: si no vas a sumar, no restes. Recuerdo bien un equipo de cinco en el que, cuando estábamos todos, trabajábamos por cuatro... o por tres. Y cuando faltaba el quinto -en este caso la quinta- los cuatro nos convertíamos en cinco o seis. Cada vez que cogía la baja -y cogía muchas- nuestra primera reacción era ponerla a parir: actitud negativa. Tras el desahogo, que no duraba más de un minuto, le dábamos la vuelta y celebrábamos habernos librado de ella, multiplicando nuestro esfuerzo: actitud positiva.

Todos conocemos a personas que ante situaciones complejas y difíciles, como las que estamos viviendo, suman. Muchos se dan cuenta de quién, en esas circunstancias, está restando. Y algunos son capaces de percibir a los que simplemente cambian de tema. Nuestra clase política y muchos periodistas y tertulianos son un buen ejemplo de estos dos últimos comportamientos, aunque no conviene generalizar y estoy seguro de que hay políticos honestos y constructivos (a los que deben tener bien escondidos) y periodistas decentes.

Voy terminando, con la sensación de que me ha salido una mala imitación de Paulo Coelho o de la columna de los domingos de Guille Viglione en la última página de El Diario Vasco.

Eskerrik asko! Arantxa, porque no quiero convertirme en ese tipo de persona que tanto detesto.

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